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Por Marcelo Cafferata

La compañía teatral “El Vacío Fértil” se sumerge dentro de sus dramaturgias con temas de absoluta actualidad, para no seguir ciegos, para dejar atrás nuestra propia indiferencia y que el vértigo cotidiano no nos haga perder el espacio propicio para reflexionar y tomar partido.

Primeramente abordaron en “De Tiburones y otras rémoras” al mundo corporativo en el que las estafas financieras a los que menos tienen, dejaron sin patrimonio a los más desprevenidos, empresas donde además los abusos laborales están a la orden del día.

Luego, en “El mal de la piedra” la temática giró en torno de la memoria, las vidas arrancadas por la dictadura franquista (como en tantas otras dictaduras sufridas en Latinoamérica) y la búsqueda incesante de justicia.

Ahora es el turno de “EL VIRUS DE LA VIOLENCIA” en donde la dramaturgia de Marina Wainer (también directora de la puesta) vuelve sobre el tema de la violencia de género, pero desde un punto de vista diferente y una relectura en el marco de los extraños tiempos que corren.

En tiempos de aislamiento y confinamiento, se generaron paradójicas situaciones en las que el agresor y la víctima quedaron encerrados en un mismo espacio físico, que multiplicó los casos de violencia de género, arraigados en el propio seno familiar.

Incluso, frente a un sistema penitenciario colapsado por la pandemia y el coronavirus, la polémica liberación de algunos presos, instaló en estos hogares donde se habían generado delitos de violencia, una convivencia obligada entre víctimas y victimarios. El grito de auxilio no fue escuchado, se desoyeron las voces de quienes pedían justicia, retrocediendo varios pasos en los derechos de género y las luchas ganadas.

Wainer retoma con fuerza este tema, a través de hechos han sido de público conocimiento, que generaron fuertes controversias, y lo plantea teatralmente, dentro del idílico mundo de una pareja de recién casados en plena luna de miel.

Estalla la pandemia y el ambiente que comparten comienza a enrarecerse. Mientras ella sufre por la separación con su familia más directa (su madre), él comienza a alienarse con ciertos compromisos laborales y, obsesionados por la falta de dinero, comienzan a tejer un espiral de violencia que parece no poder frenar.

Imposible tratar de frenar algo que ni siquiera se asume como tal, difícil modificar el maltrato físico y psicológico que va intoxicando la relación, cuando se tratan de buscar justificaciones por el contexto, sin tomar conciencia de lo que realmente les está pasando.

El encierro, la imposibilidad de salir a buscar ayuda, un ambiente limitado y voraz y el acostumbramiento y la naturalización como los peores enemigos para solucionar el conflicto, van apareciendo en estos personajes que se transforman frente a los ojos del espectador que es testigo del deterioro y la descomposición de un amor que se transforma en violencia, de una complicidad que deviene en dominio.

Un tono de voz elevado, un control del celular revisando llamados y conversaciones, una orden de vestirse de una determinada manera, un grito, objetos que se disparan en medio de una discusión, una amenaza, un golpe, son las pequeñas señales que desembocarán en el aumento de casos de femicidios que en pleno aislamiento crecieron más aún.

Es así que “EL VIRUS DE LA VIOLENCIA” pone sobre el escenario del Patio de Actores, con el compromiso con el que asumen siempre este tipo de temáticas, un potente llamado de atención, una invitación a una reflexión individual y colectiva sobre un fenómeno social que parece haber sido dejado de lado frente a los problemas económicos y otras urgencias que vive el país, como si cada vida que se cobra la violencia doméstica no tuviese ningún valor, como si esas mujeres asesinadas por sus propias parejas o alguno de sus familiares fuesen completamente invisibles y no pudiesen tener un espacio de contención y de cuidado desde el aparato del Estado.

Desde el texto de Wainer, planteando esta temática desde la alegoría y lejos del subrayado o el discurso panfletario, una vez más la Compañía “El Vacío Fértil” compuesta por Iván Steinhardt y Romina Pinto, le pone el cuerpo a un tema comprometido y de plena actualidad.

Pinto se luce en su transformación de una enamorada iniciando una vida de casados hasta una mujer presa del miedo y la desesperación, sin la menor posibilidad de auxilio desde el exterior. La dualidad que se genera con su amor / opresor, se expresa claramente en su rostro atravesado por la desilusión, el terror y la incertidumbre.

Steinhardt por su parte se embarca en una composición riesgosa, que coquetea permanentemente con el límite y sale completamente airoso, con un trabajo que logra combinar la locura generada por el encierro y las diferentes presiones que lo llevan a la desesperación, con el germen de la violencia que poco a poco se va apoderando en esa transformación hombre / bestia, que desencadenará en diversas aristas de una misma tragedia.

El trio Wainer – Pinto – Stenihardt vuelve a entregar otro gran trabajo que pone en juego lo mejor que tiene el teatro: un texto que nos haga vibrar, dos actores completamente entregados apasionadamente a sus personajes y un espacio que después del aplauso final se abre en nosotros, los espectadores, para comenzar a reflexionar, tomar conciencia, sentir y obrar en consecuencia, no seguir anestesiados frente a estos temas y comenzar a hacer algo.

Es urgente, es ahora.

Reseñas de los trabajos anteriores de “El Vacío Fértil”

“De tiburones y otras rémoras”  https://ludiconews.com.ar/la-ley-de-la-selva-critica-de-tiburones-y-otras-remoras/

“El mal de la piedra” http://ludiconews.com.ar/justicia-u-olvido-critica-el-mal-de-la-piedra/

“EL VIRUS DE LA VIOLENCIA”

Todo los sábados a las 20.30

Patio de Actores – Lerma 568  – C.A.B.A.

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