Tiempo de lectura: 3 minutos

Por Marcelo Cafferata

Martín Heredia Troncoso elige centrar su ópera prima en un tema estremecedoramente vigente como son los incendios forestales pero trabaja, al mismo tiempo, con un tema que se celebra que empiece a tomar forma dentro del cine argentino actual, como lo son las relaciones laborales irregulares, un sistema perverso y excluyente que merece este tipo de análisis profundo al que se le está dando espacio.

Siguiendo con la línea de “El empleado y el patrón” (Manolo Nieto, 2021) y “Golondrinas” (Mariano Mouriño, 2020) sólo por citar algunos ejemplos muy recientes, el trabajo de Heredia Troncoso presenta una narrativa que por momentos se asemeja mucho al registro documental, para ir adentrándonos en una historia de ficción. Historia que, por otra parte, no se aleja en absoluto de una representación de lo real, sobre los vínculos desiguales que subyacen en las relaciones laborales, más aún en las rurales donde se juega con la falta de conocimientos de los trabajadores –que a veces incluso se presenta abuso frente a trabajadores sin alfabetización- y una extrema necesidad económica que los posiciona aún más en un desnivel que raya con el trabajo esclavo y la “propiedad” del empleador por sobre su trabajador.

BAJO LA CORTEZA” aborda todas estas situaciones que se dan entre un empresario generando negocios inmobiliarios en lo que podríamos suponer que es el monte cordobés para lograr su expansión comercial y Altamirano, un trabajador rural (Ricardo A. Rodríguez, un acierto haber convocado a un verdadero trabajador rural para cubrir este papel) que presta sus servicios en forma independiente ofreciendo su fuerza de trabajo dedicada al desmonte. Cuando se entere que Zamorano, el terrateniente, necesita gente de confianza tendrá una entrevista en la que primeramente le ofrecerán trabajos menores hasta que comience a generarse un vínculo que, aparentemente, se basa en la confianza mutua pero no tardará en develarse el revés oculto de la trama.

Las mejoras que se van produciendo en el salario y la manipulación para ir ganando la adhesión en el vínculo que Zamorano refuerza con comentarios y frases sobre la confianza y la entrega que han tenido otros empleados de la familia, irán generando un cierto compromiso para realizar ciertos trabajos más arriesgados y con otras implicancias. Altamirano por su lado no puede negarse: no sólo siente fidelidad por su patrón (amo?) sino que ciertos problemas familiares vinculados con la salud de su hermana no le brindan demasiadas opciones.

Troncoso trabaja perfectamente esta relación laboral arquetípica colocando en momentos muy precisos la tensión dramática. A través de los silencios y la sumisión de Altamirano, logra el resumen perfecto de cómo suelen desenvolverse estos vínculos que,  desde una mirada instalada desde lo social y cumpliendo con todos los cánones tradicionales, no tienen una escapatoria posible: la necesidad del puesto de trabajo hace que sea prácticamente imposible no quedar entrampados en el juego de todos los “Zamorano” que existen en el ámbito rural y en tantos otros emprendimientos.

Es muy interesante también el trabajo de Troncoso con su cámara, en cuanto a presentar al territorio como un integrante más de la trama, como un escenario propicio y necesario para desplegar este dilema moral, en donde relaciones fuertemente  desiguales, empujan a tomar ciertas decisiones influidas por las circunstancias.  

La vigencia del tema y la conexión con la actualidad potencian aún más una de las tantas historias que son imprescindibles para que nuestro cine comience a generar un espacio de discusión y a mirar temáticas que, de otra forma, quedarían completamente invisibilizadas.

POR QUE SI:
«Trabaja perfectamente esta relación laboral arquetípica colocando en momentos muy precisos la tensión dramática «

Compartir en: