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Por Marcelo Cafferata

No tenemos precisión del lugar y el tiempo exacto en el que se desarrolla “ALFA”. Lo que sí sabemos, es que es un futuro cercano y todo haría indicar que es un momento en donde el peligro es el principal factor de acecho en un territorio cada vez más violento y subvertido, que perfectamente podría ser un barrio del conurbano bonaerense o inclusive, dentro de nuestra capital Federal.

Así como en otros planteos sobre mundos del futuro se habla de la escasez de agua, de combustible o de otros recursos naturales, la dramaturgia de Felicitas Kamien, lleva la distopía al extremo y se plantea el semen como el bien escaso: por eso surge la necesidad de traficarlo, de abrir un mercado negro con ese “producto” ya que la mayoría de los hombres parecen haber perdido su potencia y lo generan con un bajo nivel de efectividad.

En este nuevo estado de la situación, con este nuevo orden, una madre, su hija, y la empleada de confianza de toda la vida, montan un laboratorio precario y marginal, en donde extraen el producto de los donantes con la esperanza de que supere el porcentaje necesario para poder comercializarlo, de modo que las clases más pudientes, que accedan a ese mercado paralelo y puedan inseminarse para concebir esos hijos que tanto desean.

Casi imprevistamente y contra todos los pronósticos, aparece un donante que puede ser caracterizado como un verdadero macho alfa, con un porcentaje de potencia que alcanza el 100 %. Lo que parece ser una excelente noticia para poder mejorar considerablemente la decadente, economía familiar y la posibilidad concreta de sanear las deudas que dejó el padre de la familia (incluso condenado y prófugo de la ley por diversas maniobras en el negocio), comienza a resquebrajar el delicado -o casi inexistente- equilibrio de la familia, con ciertas pujas de poder y algunas factura pendientes. Para que esta nueva oportunidad de negocio funcione, aparecerá  el padre en medio de la escena familiar, personaje más que necesario ya que cuenta con los contactos para ubicar el producto a un precio inmejorable.

La dramaturgia de Kamien sabe narrar con precisión el fresco de una sociedad decadente, amoral, con personajes que solo se rigen por las reglas de su propia ética y que manipulan la realidad a su entera conveniencia. Si bien la ubica en un futuro cercano, hay más de un rasgo que permite vernos reflejados y desde allí, la dramaturgia construye una crítica feroz del mundo en que vivimos. 

La puesta en escena (con una excelente realización escenográfica de Mariano Sivak) sabe crear ese clima de sordidez y de aislamiento, subrayando la  vulnerabilidad de los personajes, mostrando cada una de sus marcas y de sus quiebres interiores. Aun dentro de ese clima hostil y perverso, la puesta de Kamien permite que se genere un espacio para el humor y el delirio, los apuntes filosos sobre la actualidad y diálogos chispeantes cargados de ironía y una mirada absolutamente cáustica.

Otro de los aciertos de la dramaturgia de “ALFA” es que su estructura permite además penetrarla desde múltiples lecturas y una de las capas en que se despliega es la mirada de género que atraviesa el relato, con un empoderamiento femenino sobre la opresión de la estructura machista que, planteada desde un inicio por personajes masculinos que se ven acosados por un grupo radicalizado al acecho se va haciendo más presente a medida que avanza la obra, y que aun en este futuro cercano sigue siendo el modelo patriarcal a demoler.

El elenco que dirige Kamien es realmente un equipo de excelencia que encuentra encontrar el tono justo para desplegar esta la dramaturgia sin excesos y manejando algunos tintes de grotesco de forma tal que queden funcionales al mensaje. Sería injusto destacar unos trabajos sobre otros pero realmente Mariana Cavilli es una  gran revelación en un protagónico que le permite atravesar diferentes tonos y que sobre todo, en el tramo final de la obra –donde se van descubriendo algunos secretos familiares-, le permite un gran lucimiento.

Diego Quiróz es el macho alfa tan deseado y Valeria Roldán construye a esa empleada de la familia que participa en el laboratorio y tiene los textos más desopilantes de la obra con intervenciones que permiten que aparezcan esos espacios de humor dentro de las pulsiones miserables de los personajes.

Es realmente un placer ver lo que hacen Marta Haller y Abian Vainstein en escena. Ella construye una madre decante, extraviada, con esa dificultad para pronunciar las palabras que hace que parezca permanentemente “empastillada” mientras que Vainstein tiene a su cargo ese padre verborrágico, con un pasado oscuro que termina haciendo querible a un personaje realmente siniestro. Ambos, como todo el elenco en general, despliegan una gran entrega física y se hacen carne del texto de Kamien, logrando una verdadera joyita del off –que justamente viene siendo un éxito desde su estreno en 2019-.

ALFA

Dramaturgia y Dirección: Felicitas Kamien

Con Mariana Cavilli – Abian Vainstein – Marta Haller – Valeria Roldán y Diego Quiróz

EL CAMARIN DE LAS MUSAS  – Mario Bravo 960 – Sábados 20.15 hs.

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