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Por Marcelo Cafferata

Si hay algo que tiene como sello inconfundible el cine de Cesc Gay es poder plasmar en pantalla, como pocos directores de su generación lo han logrado, los vínculos que no solamente nos pintan a los personajes de cada una de sus películas, sino que son representantes de toda una generación.

Desde el fin de la adolescencia en “Krámpack” y los problemas que atraviesan quienes ya han pasado los treinta en “En la ciudad” o “V.O.S” (que además se enriquece con el seductor juego del cine dentro del cine), se interna ya en la crisis de los cuarenta en “Ficción”, en “Truman” –quizás su comedia agridulce más exitosa-, pero por sobre todo en los chispeantes diálogos y las situaciones que plantea en “Una pistola en cada mano”, donde demuestra una particular solidez para delinear personajes masculinos con sus propias contradicciones, presentándolos vulnerables y con cierto aire de antihéroes urbanos que parecen ser ya una marca de estilo en su cine.

En esta ocasión con “SENTIMENTAL” vuelve una vez más a esa receta que maneja tan habilidosamente, en donde mezcla drama y comedia en partes iguales y donde detrás de cada sonrisa se esconde un rictus amargo que dispara una reflexión, adaptando su propio texto teatral “Los vecinos de Arriba” cuya puesta fue estrenada en Buenos Aires con Diego Peretti, Florencia Peña (con un reemplazo a cargo de Muriel Santa Ana), Rafael Ferro y Julieta Vallina.

La propuesta de Cesc Gay de adaptar su propia obra de teatro con estos cuatro personajes, no intenta esconder demasiado ese origen, pero sin embargo su cámara sabe recorrer ese departamento, sus pasillos y sobre todo maneja el espacio “dentro/fuera” jugando con la salida del departamento hacia los ascensores y también con unos amplios ventanales que formarán parte de la historia. De este modo, además de una duración corta que permite que los diálogos tengan velocidad y no se reiteren sobre sí mismos, acierta en una puesta ágil como por ejemplo no había ocurrido con el texto de Jazmina Reza en “Un Dios Salvaje / Carnage”  (2011), llevada a la pantalla grande por Roman Polanski, sin lograr este aprovechamiento del espacio que logra Gay en esta puesta.

Julio y Ana (Javier Cámara / Griselda Siciliani) son una pareja completamente desgastada por la rutina y ya con más de quince años juntos, atraviesan una de sus tantas crisis, con discordias permanentes y serios problemas de comunicación. Ana ha invitado a sus vecinos del piso de arriba para conocerse un poco más, situación que no solamente disgusta a Julio que prefiere seguir con su perfil ermitaño sino que demás ese encuentro le dará pie para quejarse de los ruidos molestos que padecen debido a sus noches de lujuria sexual.

Con este panorama de tensión llegan los invitados: Salva y Laura (Alberto San Juan / Belén Cuesta) que claramente a dos años de convivencia están pasando por un momento completamente diferente. Una pareja completamente open mind,  abierta y con una mente libre, experimentan con triángulos y orgías y lo dicen sin el menor empacho porque para ellos es lo más natural del mundo.

Sin embargo Ana después de un primer momento de incomodidad y de tensión, logra comenzar a expresarse, a preguntarse íntimamente lo que necesita y hasta comenzar a fantasear con alguna de esas posibilidades que esta pareja les va relatando como un catálogo de experiencias que cualquier podría servirse “a la carta”, mientras Julio sigue completamente escéptico a cualquiera de los relatos, disparando comentarios plagados de ironía y descaro, sin el menor filtro.

Si bien la contraposición de la pareja sexualmente frustrada, consumida por la rutina chata, frente al mundo de sensaciones que le ofrecen los vecinos suena sumamente esquemático, Cesc Gay tiene arte para ir enhebrando los diálogos y lograr escapar de muchos de los lugares comunes. Por supuesto que ciertos estereotipos son justamente el trampolín, el punto de partida, para poder deslizar sus notas amargas sobre la vida de pareja en donde mientras en una parece haber pura frustración, en la otra todo parece ser maravilloso.

Ni lo uno, ni lo otro. Gay se toma el tiempo, para que como sucede en todos sus textos, de la liviandad y la risa pasemos a la reflexión y a la profundidad y que como espectadores aparezca esa sensación de sentirnos extraños al estar sonriendo frente a una situación dolorosa y real.

SENTIMENTAL”, si se la compara con la puesta teatral que vimos en Buenos Aires, gana en un tono completamente diferente. Peretti / Peña habían apostado a la estridencia y al juego al filo del desborde mientras que, en este caso, tanto Cámara como Siciliani, manejan altas dosis de sarcasmo en sus líneas de diálogo, y aún dentro del ritmo de comedia, las dicen con dolor y asertividad, lejos del estallido y el griterío.

Sus trabajos son profundos, llenos de sutilezas, paladeando el texto de Gay con ese dejo de tristeza de una pareja fracturada, pero teniendo en cuenta la sensibilidad y la conexión de una pareja que sigue, a pesar de los problemas, sosteniendo un proyecto en común donde todavía hay amor.

Los vecinos a cargo de San Juan –que acaba de ganar el Premio Goya al mejor actor de reparto- y Cuesta, también están llenos de matices y aún con un perfil más extrovertido y osado, en ningún momento exageran demasiado sus personajes y se prestan perfectamente al juego escénico/cinematográfico de ser el motor del cambio en sus vecinos adormecidos.

Gay nuevamente apela a un cine simple, sin demasiados subtextos complejos o rebuscados. Sabe dar directo a los sentimientos y logra transformar su obra teatral en un guion dinámico y como es costumbre logra de sus actores, trabajos destacables con un cuarteto protagónico que luce impecable.

Sólo resta un epílogo donde una vez más, quedamos invitados a reflexionar sobre el amor, la pareja, las postergaciones de nuestros propios sueños y cómo muchas veces, confundidos con el afuera, nos alejamos de lo que podríamos perfectamente encontrar en nosotros mismos.

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