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Por Marcelo Cafferata

Fue Ramón, ahora es Rosa María. Mujer transexual y padre de familia que decidió, después de atravesar su proceso personal, someterse a la cirugía de reasignación de sexo a sus 59 años. Sus hermanos lo describen con una figura opuesta a lo que se pensaría que es una persona que se ha percibido mujer durante toda su vida: sus chistes homofóbicos y sus actitudes machistas, sus formas groseras y sus bromas de trazo grueso, son algunos de los elementos que hacen que para su familia, esta decisión que Rosa María ha tomado, sea absolutamente impensada, luego de toda una vida en el cuerpo que ella sabe que fue el cuerpo equivocado.

La cámara de Benarooch sigue fundamentalmente todo su tránsito después de la operación, cuando aparecen nuevas sensaciones, una nueva forma social y finalmente logra sentir que entre su pensamiento, sus emociones y su corporalidad, habita cierta coherencia. En ese trayecto, la acompañará su inseparable amiga Fina, quien también está esperando por su operación para sentirse definitivamente una mujer: este camino quirúrgico que las reafirma, las empodera y las convierte definitivamente en lo que ellas quieren ser.

Obviamente que es importante, en los tiempos que corren, seguir dando testimonio y visibilizar esta temática. Tanto el cine documental con “Transformer” (Michael del Monte, 2017)  dentro del mundo del fisicoculturismo y el deporte, “Disclosure” (Sam Feder, 2020, Netflix) asomando las narices en el glamour hollywoodense como la serie “Transparent” (de Jill Soloway, 2014, Amazon) han acercado diferentes miradas sobre el tema y lo han hecho con una solvencia que a Benorooch parece faltarle.

El director se acerca a su personaje, Rosa María, de una forma algo superficial, como si tuviese cierto pudor, cierta timidez para explorar sus zonas más controvertidas.  Esa perceptible distancia, aun cuando intente abordarlo de esa manera, no le permiten explotar todo lo que se siente que este personaje puede dar en cámara con su historia, sus vivencias y sus decisiones.

Luego de ver “Canela, sólo se vive dos veces” (Cecilia del Valle, 2020) es difícil no caer en la comparación de ambos trabajos que comparten la misma temática. Lo que en “TRANSITO Y FELICIDAD” aparece como meramente expositivo, en “Canela…” se profundiza hasta llegar a las cosas más íntimas que se exponen bajo una mirada contenedora y comprensiva, que logra abarcar las múltiples variables que se despliegan a partir de una decisión tan profunda en la vida de la protagonista, intensidad que parece algo ausente en el trabajo de Benarooch.

TRANSITO Y FELICIDAD

de Jonas Benarooch

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