Por Rolando Gallego

Julián Giulianelli estrena Los Niños, documental que recorre cómo en 1999, una expedición encabezada por un arqueólogo estadounidense y financiada por la National Geographic alcanzó la cima del volcán Llullaillaco y halló los cuerpos momificados de tres niños ofrendados por el Imperio Inca hace más de quinientos años. A partir de ese descubrimiento, los cuerpos iniciaron un largo y controvertido recorrido que culminó, cinco años después, con la construcción del Museo de Arqueología de Alta Montaña en la ciudad de Salta, donde hoy se exhiben. Hablamos con Giulianelli sobre el estreno de la película en Complejo Ítaca – Espacio Avalon (Humahuaca 4027 – CABA), este Miércoles 4 de Febrero. 20.30hs, y el Miércoles 11 de Febrero 18.30hs.
¿Cómo surgió la idea de Los niños?
La idea del documental surgió aproximadamente hace 10 años cuando visité por primera vez el Museo de Arqueología de Alta Montaña, donde hoy están en resguardo los niños del Llullaillaco. Me impactaron como a todos los que visitan el museo, y luego comencé a leer e investigar sobre la expedición y todo lo que sucedió después y un poco se cuenta en el documental.
¿Cómo fue el rodaje, y el trabajo de investigación?
El rodaje fue bastante postergado ya que el pueblo de Tolar Grande es un lugar muy remoto y de difícil acceso, son unas ocho horas desde Salta por camino de ripio y que no es transitable siempre, esto se suma al durísimo clima de la puna. El rodaje se postergó dos años por las sucesivas restricciones de la pandemia. La investigación llevó bastante tiempo, pero siempre las ideas en una película documental se deben contrastar con los protagonistas de las historias, y en este caso al llegar a Tolar me encontré con bastante resistencia por parte de la comunidad a participar, algo sobre lo que quizás pude reflexionar después, y trate de reflejar en la película: la población siente que no se les pide permiso, que no son tomados en consideración. Sin embargo siento que en algún punto logré que se abran para contar lo que sienten sobre el hallazgo y es algo muy valioso para el documental.
¿Cómo te sentís con estrenar en medio de este contexto tan particular y en esta sala?

Creo que el contexto general de la exhibición de cine es muy desalentador en nuestro país, y excede el momento cultural y político que atravesamos, aunque sin duda es el que tiene mayor impacto. Digo que excede porque el modo de relacionarnos con las expresiones culturales está cambiando sustancialmente, y ya solo decir que se “consume cultura” da cuenta de ello. Pero sin duda el hecho de que exista una sala como la de AVALON, pensada específicamente para el documental, y llevada adelante con mucho corazón y energía transmite mucho entusiasmo y cierta expectativa en que aún quedan cosas por hacer en el modo de acercar las películas al encuentro con el público.
¿Con qué te gustaría que conecten los espectadores?
Me gustaría que los espectadores puedan identificarse con los distintos testimonios, no solo por lo que dicen, sino por el lugar desde el cual hablan. Que cada voz funcione como una experiencia, con su contexto, sus límites y sus tensiones. A través de ese cruce de puntos de vista, la idea no es emitir una conclusión, sino abrir el espacio para que cada espectador construya una comprensión propia y nueva, entendiendo desde dónde se dan esos testimonios y por qué dicen lo que dicen.