Tiempo de lectura: 4 minutos

Por Marcelo Cafferata.

Tres muy buenas propuestas de espectáculos UNIPERSONALES, tres brillantes intérpretes que prestan su oficio a personajes completamente inolvidables, que sumamos a otras obras que habíamos recomendado en nuestra nota anterior (http://ludiconews.com.ar/destacados-en-teatrix-1/).

TODAS LAS CANCIONES DE AMOR

Dramaturgia: Santiago Loza

Dirección: Alejandro Tantanian

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Todas las canciones de amor” es un verdadero lujo, con la conjunción del talento creativo de tres monstruos de la escena teatral.

La dramaturgia iluminada de Loza –amante de la exploración del universo femenino tanto en sus textos teatrales como en sus filmes- se conjuga con una precisa puesta en escena creada por Alejandro Tantanian –acompañada por la exquisita escenografía y vestuario de Oria Puppo- y junts, potencian el talento inconmensurable de Marilú Marini en escena.

Moviéndose como pez en el agua en el terreno del unipersonal, Marini –que supo ser “Niní”, la Winnie de “Los días felices” de Beckett, “El día de una soñadora” o “La mujer sentada” de Copi, entre tantos trabajos- sabe perfectamente como degustar cada una de las frases del texto de Loza, delicadamente poético, para demostrar que es una de las mejores actrices de la escena nacional y que se expande en el escenario y nos capta hipnóticamente para no soltarnos, como espectadores, hasta el final.

En este caso Loza transita el vínculo de una madre con su hijo que por diversos motivos –escaparse ella puede ser uno de los tantos- ha decidido vivir en el exterior y ella aguarda ansiosamente su llegada, preparando meticulosamente una cena de bienvenida, sin que ninguno de los detalles quede librado al azar.

Ese será el disparador para recuerdos, evocaciones, miedos, inseguridades, expectativas que Marilú Marini va desgranando con un talento único y que el texto aprovecha para transitar armoniosamente en todas esas facetas.

La belleza de las palabras de Loza para reflejar ese vínculo entrañable y único madre-hijo, se completa con una pequeña selección de canciones populares que Diego Penelas ejecuta en el piano, y que en la versión que interpreta Ignacio Monna –en algunos momentos a dúo con Marini- van cobrando una nueva lectura, un nuevo sentido.

No hay mucho más para decir: déjense llevar por el talento de los hacedores de “Todas las canciones de amor” y disfrutar de uno de los espectáculos más inolvidables de las últimas temporadas: para ver, volver a ver y encontrar en cada mirada, un nuevo detalle donde reflejarse desde la emoción.

COMO QUIEN OYE LLOVER

Dirección: Alejandra Ciurlanti

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Yo amo a mi MAESTRA NORMAL

Puesta en Escena: Ana Sanz

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Juan Pablo Geretto tiene un don, ese de la mirada agridulce que atraviesa sus personajes, una melancolía y una tristeza mezclada con un humor que oscila entre la caricatura y la minuciosa observación que él sabe traducir en gestos, miradas cómplices y frases disparadas con trazos desopilante y realistas al mismo tiempo, la marca registrada de sus trabajos.

En “Yo amo a mi MAESTRA NORMAL”, vuelve a su personaje más popular y querido, ese prototipo de la maestra del colegio primario  (una maestra que es el collage de todas aquellas maestras que pasaron por nuestra infancia), a cargo de la conducción de un acto escolar, en donde aparecerán todas las frases “célebres” que han pronunciado nuestras maestras más recordadas, que aún hoy, repican en nuestros recuerdos.

Geretto revisita con su humor tan particular, todos los arquetipos de los docentes de grado y de los profesores especiales, desde una mirada amorosa –con la que construye todos sus personajes- que integra la parte más querible y vulnerable logrando que esa maestra, sea una y todas al mismo tiempo, que nos llegue desde su costado más entrañable como aquellas que vamos trayendo del recuerdo de nuestra niñez, a medida que transcurre la obra.

Si en “Yo amo a mi MAESTRA NORMAL”, Geretto atrapa con un histrionismo magnético, los tres personajes que habitan en “Como quien oye llover” nos presentan una vez más a ese actor versátil y entregado, construyendo tres modelos femeninos que detrás de las carcajadas explosivas que generan, y el desparpajo y la ironía de sus textos, muestran su vulnerabilidad, sus imperfecciones, sus facetas más oscuras.

Geretto lo hace desde su humor corrosivo y sarcástico, que es certero y explosivo pero a la vez, piadoso y contenedor. Eso es justamente lo que enriquece a sus criaturas, sus composiciones nos hacen estallar de risa y al mismo tiempo nos conmueven y  nos transportan a esos universos que componen un  homenaje emotivo a la figura de esas mujeres que fue construyendo en su infancia rosarina y que lo siguen habitando, esas mujeres-madres, tan diferentes entre sí, pero todas ellas trazadas con la minuciosidad, la sencillez y la profundidad que les regala Geretto a cada una de ellas.

Ese homenaje a la maternidad, pleno de humor, pero inundado por una sensibilidad que Geretto va hilvanando en cada cuadro de “Como quien oye llover”, que lo transforman un espectáculo inolvidable.

ELOGIO DE LA RISA

Libro y Dirección: Gastón Mariani

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Juan Leyrado –en su primer unipersonal dentro de su extensa trayectoria en televisión, cine y teatro-, le pone el cuerpo a Antonio, quien a través de la celebración del cumpleaños de 80 de su amada Susan, recorrerá su propia historia de amor y cómo el paso del tiempo fue modificando ese enamoramiento juvenil a un sentimiento maduro, calmo, profundo.

La sexualidad, las pasiones, los hijos, las frustraciones, los sueños olvidados, la carrera profesional, la madurez, las señales de cuerpo y la vejez se van sucediendo en el texto que Mariani pone a disposición y Leyrado agiganta con su oficio: mediante cambios en el tono de su voz, o pequeños rasgos de su postura, pasará por todas las etapas de Antonio, desde su juventud hasta su madurez, en menos de una hora de espectáculo.

Allí espera, elegante y con su sobria caballerosidad, con un ramo de flores y una torta, para celebrar el festejo de su amada Susan, aquella que lo enamoró con su risa, como arma de conquista involuntaria.

Y a través esa risa particular enhebrará diferentes anécdotas y pensamientos antojadizos ordenados tal como le vienen a la mente, aguardando en esa blanca e inmaculada  “sala de espera” en donde podrá desplegar esos recuerdos, que pronto comenzarán a hacer que el espectador se sienta ineludiblemente reflejado.

Leyrado usa sus armas más nobles, su actuación es su instrumento de batalla y logra acertar tanto en los trazos de comedia que propone el monólogo como en sus momentos más melancólicos y tiernos sobre las etapas para transitar la/nuestra vida y conmovernos, llegar a zonas muy profundas, emocionarnos con esa lección de teatro.

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