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Por Marcelo Cafferrata.

Continuamos con breves reseñas sobre algunos títulos de la interesante y plural selección que presenta la edición de este año a los que vale la pena acercarse, en esta versión online #quedateencasa que el 7 Festival Construir Cine propone este año a través de la plataforma www.octubretv.com.

MISERERE

De Francisco Ríos Flores

Largometrajes Nacionales

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Otro de los títulos inéditos de la producción nacional que el Festival nos acerca, “MISERERE”, explora una de las tantas vetas que propone una geografía tan particular como la de plaza Once -enclavada en plena Capital Federal- de la mano de una narrativa cruda, áspera y sin demasiadas concesiones para un tema que el documental nacional no se había atrevido a abordar de esta manera.

Francisco Ríos Flores sigue el recorrido de cinco hombres que se prostituyen en esa zona y estructura su relato valiéndose tanto de algunos fragmentos de su vida personal y cotidiana, como de  los pensamientos que irán desgranando cada uno de los protagonistas en un día de trabajo habitual -bajo el recurso de la voz en off que es claramente lo menos logrado del documental-, mezclado con escenas propias de lo que pude acontecer en sus servicios, internando el ojo de la cámara en zonas anteriormente inexploradas.

Entre la ola humana que invade cada día la estación de tren -que también se combina con la estación de subte-, Ríos Flores se detiene en cada uno de estos cuerpos masculinos que parecen pasar casi desapercibidos entre esa multitud, para una mirada poco entrenada: estos taxiboys que escapan completamente al estereotipo que suele construir la producción cinematográfica sobre el mundo de la prostitución masculina. Alejados de ese perfil de estética tan cuidada, “MISERERE” no tiene reparos en mostrar con absoluta crudeza, un espacio lindante con el desamparo y hasta la marginalidad.

Un juego de miradas, un roce, un gesto que indica asentimiento o ganas de contratar el servicio, dispara un mundo desconocido para el ojo del documental nacional y llegado un punto, Ríos Flores se juega por completo y atraviesa notablemente ciertos límites y brinda imágenes incómodas, explícitas, poderosas que no intentan presentar ningún costado amable, sino por el contrario, se sumergen en la suciedad y la promiscuidad de un baño público, en la clandestinidad de hacerlo en plena vía pública, la sordidez de un cine condicionado o se permite acompañarlos hasta un albergue transitorio de sábanas raídas, paredes descascaradas que subraya más todavía la exclusión y la miseria.

Elige contar la historia sin ocultar el costado más oscuro y más desesperante para cada uno de los protagonistas e indudablemente esa es la gran carta de triunfo de este trabajo documental que gana fuerza en la crudeza y el realismo de sus testimonios.

Ríos Flores acierta en mostrar este territorio complejo y multifacético del barrio de Once, sin hacer absolutamente ninguna concesión –aun cuando el borroso límite entre documental y ficción ayuda a encaminar el relato-, retratando bajo un calor de verano, esta realidad casi invisible de los trabajadores sexuales callejeros, con una mirada absolutamente audaz y libre de cualquier condena moral.

LA DOSIS

de Martín Kraut

Largometraje Internacional Ficción

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Dentro de las diferentes propuestas de lo que podemos llamar thriller psicológico, no es fácil encontrar aquellas que no terminen encallándose en los estereotipos propios del género o que no pueden resolver / mantener el planteo inicial en forma correcta y dispersan u olvidan sus intenciones iniciales. Nada de esto sucede con el sólido trabajo de Martín Kraut, “LA DOSIS”, que es uno de los muy recomendables estrenos nacionales que se proponen dentro del marco de este Festival.

Una unidad de cuidados intensivos en donde Marcos Roldán (un excelente y medido Carlos Portaluppi que juega perfectamente al filo de lo que su personaje necesita) es un enfermero que desde hace más de 20 años dedica enteramente su vida a su trabajo, y es el centro del planteo que toma Kraut en su guion para instalar la tensión que se genera en ese espacio de lucha entre la vida y la muerte y donde más allá de lo que indican los médicos, él quiere jugar a impartir cierta justicia divina.

Su único vínculo en lo social por fuera de lo laboral parece estar circunscripto a su compañera de piso Noelia (Lorena Vega una vez más exacta, con su fuerte presencia en pantalla), situación de delicado equilibro que comienza a resquebrajarse y cada vez más velozmente, cuando irrumpe en el servicio un nuevo enfermero, Gabriel (Ignacio Rogers de “Esteros” y “La protagonista”), con el carisma, el empuje y la fuerza que el deteriorado mundo interno de Marcos ya no puede ofrecer.

El guion de Kraut parece trabajar en paralelo dos líneas bien diferenciadas que amalgama perfectamente para que el ritmo de thriller y el ambiente enrarecido vayan invadiendo la historia. Por un lado aparece esta figura de Gabriel que va penetrando abusivamente en la vida de Marcos, bajando todas las barreras y rompiendo algunos límites, la figura de ese típico personaje que se va apoderando vampíricamente del espacio y la vida del otro en donde rápidamente quedará en evidencia un trastorno psicológico y un desequilibrio notable.

La personalidad carismática y seductora de Gabriel hará que frente al resto de sus compañeros, esta situación pase desapercibida y quede en evidencia, mientras que en Marcos generará cada vez más angustia y potenciará ese espiral descendente de abandono y descuido por el que está atravesando.

Justamente aparece entonces esa segunda línea de trabajo del guion, con algún ribete hitchcockiano: la de un hombre común que dentro de sus cánones morales, aparece atrapado en circunstancias extraordinarias que lo ponen en el foco de las sospechas, sin poder encontrar un punto de defensa. Es ahí cuando Marcos intentará desenmascarar por sus propios medios y develar ciertos datos sobre la identidad y el pasado de Gabriel frente a una amenaza latente de los responsables del centro médico (Alberto Suárez y Arturo Bonín) que inician una investigación al percibir un notable aumento de muertes dentro de la Unidad.

La química y el contrapunto eléctrico que se genera entre Portaluppi y Rogers permiten un efecto multiplicador al clima asfixiante y angustiante al que nos somete Kraut planteando ese coqueteo con la delgada línea entre vida y la muerte, donde aparecerán la moral,  la ética personal y profesional  y el ambiente hospitalario como un marco que, por sí mismo, genera un clima de tensión adicional que aporta a la trama.

Dos personajes que en principio parecen tan opuestos –y que compiten no solamente desde un espacio profesional sino que la figura de Noelia queda peligrosamente en el medio de ellos, triangulando la tensión-, comienzan a sostener un contacto desde la negrura y las sombras de sus propias personalidades y esa ambigüedad con la que se manejan los climas de “LA DOSIS” es un efectivo acierto para poner en jaque esta idea que aparece en forma omnipresente de “jugar a ser Dios”.

Un notable ejercicio de thriller psicológico que evita cualquier lugar común dentro del género y que no busca resoluciones complacientes, de modo de generar en el espectador más incomodidad que empatía y ahondar esa sensación de incertidumbre que se sostiene a lo largo de toda la trama. 

LA ONCE

de Maite Alberdi

Foco Género

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Quienes conocimos “LA ONCE”, el delicioso trabajo de Maite Alberdi, en aquel BAFICI de 2015, quedamos completamente subyugados no sólo por la ternura y la libertad con la que se expresan sus protagonistas sino por el ojo de la directora para captar esa esencia sin que su cámara subraye la presencia, sino por el contrario, oficiar de voyeur silencioso de esas reuniones de té de amigas que se conocen hace más de sesenta años.

Ellas se reúnen en su te mensual y entre las diferentes anécdotas que recuerdan de su pasado personal y grupal, recuerdos, pensamientos, sensaciones, nos vamos sumergiendo en una amena pero profunda reflexión sobre el paso del tiempo y transversalmente, poder narrar los acontecimientos históricos y políticos de un país y una sociedad, a través de miradas tan frescas y libres para expresar lo que sienten y piensan.

Cinco mujeres, cinco amigas que acuerdan y discrepan pasionalmente y con la misma intensidad y que a través de su historia en común podrán disparar reflexiones políticas, económicas, íntimas, personales, religiosas, de la realidad social y de la historia, que permiten que entre té y masas, se desgranen de una manera calidad y divertida, profunda y personal, los hechos que fueron atravesando la historia reciente de Chile -que es también el espejo de lo sucedido en Lationamérica- y se pueda construir al mismo tiempo una particular mirada de género desde un grupo de mujeres representantes de una clase social con ciertos privilegios  y una época que dista notablemente del rol de la mujer en la actualidad.

Una generación que ha atravesado grandes cambios que se reflejan en los distintos pensamientos de cada una de ellas: unas más cercanas a este nuevo paradigma que les ha tocado vivir, otras más aferradas a su historia y a su niñez de colegio ortodoxo religioso, lo que generará algunas distancias y opiniones encontradas dentro de este grupo que, a pesar de estas diferencias, sigue encontrándose alrededor de la ceremonia del té (lo que para los británicos sería el five o’clock tea, para este equipo de adorables señoras es “la once”) como punto de referencia y de pertenencia.

Maite Alberdi y su equipo registraron pacientemente durante seis años estos encuentros (aparecen tangencialmente algunas marcas temporales que nos llegan desde el exterior por una radio o por la televisión) en donde su abuela junto con sus amigas, se “desnudan” frente a cámara y hablan de sus pasiones, de sus amores, de sus recuerdos, sus familias y de a poco abren su corazón y sus pensamientos a un espectador sumamente agradecido con ese aire fresco y esa honestidad que aparecen en cada una de las imágenes de “LA ONCE”, este documental que dentro de la selección de Construir Cine de este año, nos acerca un trabajo no estrenado en salas comerciales.

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