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Por Luis Kramer.

«The Irishman», el nuevo vehículo de Martin Scorsese está listo para llegar a algunas salas del interior y Gran Buenos Aires (En Capital sólo en el Cinema Devoto) antes de su estreno en Netflix en pocos días más y, seguramente nadie saldrá defraudado.

Scorsese juega aquí con sus temas preferidos: La Mafia y la lealtad, la naturalización del crimen, los renunciamientos personales en favor de la Omertá. Se vale para ello de dos de los mejores actores de la década del 70. Su consabido socio y alter ego Robert De Niro y por primera vez Al Pacino.

El Primero como Frank Sheeran, veterano de guerra y asesino de Jimmy Hoffa por encargo, y el segundo presidente del Sindicato de Camioneros (Teamsters) .

El film, que abre con Sheeran desde su resignada invalidez recordando su vida, transita más de cuatro décadas describiendo con narrativa remarcable el ascenso y caída de este singular asesino a sueldo como sólo Scorsese lo podía hacer.

Lo hace en un tono pausado, detallista, inductivo, seductor, con momentos de tensión austera y en vertiginoso ascenso, para rematar en algunas situaciones con golpes secos, efectistas, hipnóticos.

La gran fascinación que produce Scorsese con su cine consiste en la naturalización de la violencia, en su plasticidad que surge espontánea. Y desde ya en la introspección acabada de sus personajes, con logrados claroscuros; con la humanización de sus culpas, autorreproches, traiciones, complicidades, abandonos, faltas.

Al Pacino como Hoffa luce conmovedor, irritable, contenido, brindando una interpretación impecable.

Pero quien se lleva todos los laureles es aquí Robert De Niro, impecable desde su silencio, su economía de recursos, su fragilidad, su lealtad.

Del elenco merecen destacarse asimismo un talentoso Joe Pesci, Bobby Cannavale tan caro a este tipo de personajes y Anna Paquin como Peggy Sheeran, silencioso testigo del proceso interno de derrumbe de su padre.

La brillante fotografía de Rodrigo Prieto (quien ya suscribiera sus films anteriores «El Lobo de Wall Street» y «Silencio») y la ágil edición de su habitual colaboradora (Thelma Schoonmaker) dan marco a esta superlativa historia que este maestro del cine nos ha regalado.

POR QUE SÍ:

«La gran fascinación que produce Scorsese con su cine consiste en la naturalización de la violencia, en su plasticidad que surge espontánea. Y desde ya en la introspección acabada de sus personajes, con logrados claroscuros; con la humanización de sus culpas, autorreproches, traiciones, complicidades, abandonos, faltas»

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