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Por Marcelo Cafferata.

Con otros dos estrenos documentales que se presentan a partir de este jueves, dialogando con los de la semana anterior (“Como corre Elisa” http://ludiconews.com.ar/narraciones-extraordinarias-critica-como-corre-elisa/ y “Un sueño en Paris” http://ludiconews.com.ar/paris-era-una-fiesta-critica-un-sueno-en-paris/) podemos construir cuatro visiones completamente diferentes del ejercicio documental, para todos los gustos.

Un documental enciclopédicoLOS CAMINOS DE CUBA

A partir de un viaje realizado en Octubre de 2016, a casi 60 años de la Revolución, Luciano Nacci se adentra en territorio cubano a la búsqueda de las pequeñas historias de sus habitantes, que irá acompañando con su propia voz en off –que utiliza más que discretamente, en los momentos oportunos y necesarios- y le irá dando relevancia a cada uno de los testimonios que van surgiendo a medida que avanza en el recorrido, los que van armando ese rompecabezas, ese caleidoscopio de la vida de la isla que no solamente hablará del aquí y ahora, sino que se involucrará con un mirada al pasado que nadie parece dejar atrás porque forma parte justamente de su esencia, pasando por la revolución y por lo que otras voces, más disidentes, llamarán dictadura.

El formato que encara Nacci tiene un sesgo predominantemente didáctico y si bien no lo hace exclusivamente con un espíritu enciclopedista y pedagógico, visita en forma prolija cada uno de los ítems que se deben recorrerse para sentir que se han abarcado todas sus aristas, sin abandonar demasiado las estructuras propias de un libro de texto, lo que de todos modos utilizado eficazmente –como en este caso- es lo que hace que el documental logre su objetivo.

Así se detiene tanto en la ciudad como en el campo, en su música, en la cultura, en el sentido que tiene para cada uno de ellos la revolución, escuchamos con orgullo hablar del sistema de salud y de los progresos que se han dado a nivel social y todo se fusiona con el ritmo propio de esa geografía, con una alegría a flor de piel que tienen todos los entrevistados y que tiñe de una sensación de júbilo a todo el documental.

Testimonios unidos por la Historia, por un marcado sentido del territorio y de la pertenencia, el fuerte lazo que sienten con el significado más profundo de la Patria: venerar el suelo donde uno ha nacido, dar lugar a la emoción y al sentimiento. También sueñan con viajar y con conocer otros lugares, pero siempre con la idea de volver al origen, sin despegarse por completo de ese territorio tan querido –como también lo vemos en el testimonio de un entrenador de béisbol con una profunda lealtad a su patria-. 

Al final del recorrido, en ese avión que devuelve a Nacci a Buenos Aires, sentimos que nos hemos adentrado un poco más en la magia, en el sabor, en la rítmica música de Cuba –expresiones tangencialmente atravesadas por tensiones políticas e ideológicas que también tienen su espacio dentro de este trabajo-, un lugar diferente a todo, que por momentos parece detenido en el tiempo pero al que irremediablemente, uno se promete volver para reencontrarse con toda esa frescura, esa bonhomía en su gente, que tan bien se retrata en los testimonios de cada una de las voces que dan vida a “LOS CAMINOS DE CUBA”.

Un documental experimentalECOSISTEMAS DE LA COSTANERA SUR

Resistiéndose a cualquier encasillamiento, el trabajo documental de Matías Szulanski, en sintonía con sus trabajos de ficción en donde lo más importante pareciera ser romper con todos los esquemas preestablecidos para disponerse a explorar nuevas formas de contar en el cine (para muestra bastan “Astrogauchos” Recetas para microondas” “En peligro” o “El gran combo”), nos muestra a un director completamente entregado al juego, a la experimentación y a dejarse llevar por las cosas que puedan ir apareciendo durante el proceso creativo.

“ECOSISTEMAS DE LA COSTANERA SUR” arranca con la participación de Fabián Arenillas, choripán en mano, bombardeándonos de información sobre la Costanera –como un alter ego de una Wikipedia desenfrenadamente veloz-, sus aspectos históricos, sus cambios, lo distintivos de sus rincones, los mitos y leyendas propios del lugar y poniendo el foco en sus particulares visitantes.

La sobreabundancia de datos y un ritmo decididamente lúdico y distendido, hacen que pensemos que Szulanski aborda el documental, autoparodiando el propio género y riéndose de sí mismo cuando en una completamente desacartonada voz en off –opuesto a lo que suele suceder en la enorme mayoría de los documentales- explica que finalmente este documental es, más que nada, un registro de ese documental que no fue.

Dividido en cuatro capítulos, inicia con un irónico “cine contemplativo” donde se disparan efectivos dardos sobre esta forma de (no) hacer cine y rápidamente cede el paso al capítulo del “cine experimental” donde junto a Paulo Pécora encara  una de las facetas más interesantes del trabajo. Con un espíritu “cool” que jamás abandona, se dispone a jugar con imágenes, charlas de whatsapp, cine dentro del cine y una filmación tan particular como el escarabajo que cobra un rol protagónico y el fantasma de Martha Lynch que se pasea por entre los árboles de la Costanera.

Como en una charla de amigos, Szulanski abandona ese segmento en donde pone énfasis en el espíritu hipster, la nostalgia y la melancolía de alguna de sus tomas y se adentra en el tercer segmento “cine casero” acompañado en esta oportunidad por la actriz y directora Mónica Lairana (“La Cama”). Juntos reconstruyen esa costanera olvidada, jugando con el tiempo y con el espacio, algo que reconocen que potencialmente podría haber surgido como un cine de archivo que no pudo ser, subrayando en esa búsqueda, el espíritu de ensayo, esa prueba y error que conduce al conocimiento, que se produce justamente en medio de este aislamiento que hizo que se modificaran sus planes.

Ya alejando completamente de una propuesta más esquemática de contar la historia de la Costanera como geografía inusual, el relato queda completamente capturado por la pasión de hacer cine y de seguir explorando formatos, totalmente presente en el cuarto y último capítulo, “cine de terror”.

En este capítulo de cierre –mucho más extenso que los anteriores-, con la ayuda de Franco Sintoff y su anécdota de cómo utilizar unos rollos de super 8 recientemente ganados en un concurso, juntos subrayan y refuerzan la idea de filmar sin dejarse limitar por una falta de presupuesto, fluyendo con las nuevas ideas que aparezcan en el recorrido, en este caso tomando como compañeras de aventuras a una actriz inexperta con ganas de protagonizar el corto y su propia novia que apoya incondicionalmente el proyecto.

Este capítulo de cierre es al mismo tiempo el más divertido pero el más disperso y alejando del hilo conductor,  que probablemente peque de ser más extenso de lo debido perdiendo el timing inicial que Szulanski había intencionado en su propio abordaje, pero lo que se sigue celebrando en “ECOSISTEMAS DE LA COSTANERA SUR” es la originalidad, el humor que atraviesa completamente cada uno de los episodios y la voluntad de disponerse al juego, de ensayar –aun a riesgo de equivocarse- y de sondear nuevos caminos con la pulsión de hacer cine y de encontrar nuevas maneras de expresión .

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