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Las lágrimas amargas de Eugene O’Neill. Crítica: LARGO VIAJE DE UN DIA HACIA LA NOCHE

Por Marcelo Cafferata

Uno de los atractivos centrales de la nueva puesta de “LARGO VIAJE DE UN DIA HACIA LA NOCHE” en el Complejo Teatral de Buenos Aires, es volver a ver juntos en el mismo escenario a dos grandes de la escena como Arturo Puig y Selva Alemán.

Con casi 50 años juntos como pareja, han compartido escenario en dos clásicos de Arthur Miller como “Cristales Rotos” y “El precio”, han leído las famosas “Cartas de Amor” de A.R. Gurney y compusieron la antológica pareja de “Quién le teme a Virginia Wolff?”. Por lo tanto, este nuevo encuentro en el escenario de la Sala Casacuberta es un evento teatral que se celebra.

Al ingresar a la sala lo primero que llama la atención es la impactante escenografía realizada por Graciela Galán (con asistencia de Florencia Tutusaus) que representa la casa de verano de la familia de los Tyrone, que será completamente funcional a medida que avance la trama, representando perfectamente ese pasaje del día hacia la noche que se propone desde el título y que permite fijar diferentes espacios bien diferenciados para que se desarrollen las escenas.

Este clásico de Eugene O’Neill escrito en 1945 y que por temas vinculados con sus rasgos autobiográficos pudo ver la luz en su estreno muchos años después, aparece en una nueva versión que respeta fielmente el espíritu del teatro más clásico (las anteriores habían tenido los protagónicos de Claudia Lapacó y Daniel Fanego bajo la dirección de Villanueva Cosse o una anterior con Norma Aleandro y Alfredo Alcón) representando a esta familiar devastada por diversos problemas vinculares y personales que los expone al dolor y los expulsa a sus zonas más vulnerables.

El contexto social norteamericano en el que O’Neill escribe la obra habla de una depresión económica y un desmoronamiento social en el que la propia familia se encuentra hundida y se dificulta ver una salida. El pasado los condena mucho más que lo que los ayuda y hay un presente en el cual ninguno de ellos parece poder hacer pié ni ayudarse mutuamente con lo cual sobreviene a lo largo de toda la historia una idea de futuro incierto y oscuro para cada uno de los personajes.

En el centro de la historia está la pareja de James Tyrone y su esposa Mary. Él es un actor que se ha pasado su vida haciendo giras a lo largo del país lo que le da a toda la familia una permanente idea de desarraigo y sobre todo a Mary, que siente que ha dejado parte de sus ideales, siguiendo el camino de James sin poder encontrar uno propio. Sus dos hijos, Edmund y Jamie, también han sufrido los embates de un padre poco presente, dedicado a su profesión y que no ha sabido contenerlos. Su relación con ellos es tensa y conflictiva y rápidamente salen a la luz reproches con temas pendientes de resolver.

Cada uno a su manera, está preso de sus propias debilidades, fracturados por sus adicciones. Mary, endeble e indefensa, no puede escaparse de la morfina como única manera de poder seguir sosteniendo sus días. A su lado, Tyrone trata amorosamente de ser su sostén, aunque cueste lograrlo.

El fracaso es parte del eje sobre el que gira la familia, pero básicamente impacta en sus hijos. Por un lado aparece Jamie, el hijo mayor tan alcohólico como promiscuo con el peso de un padre que prácticamente lo ha obligado a incursionar en el mundo del teatro, mientras que el hijo menor, Edmund, está gravemente enfermo, con el fantasma de la tuberculosis en sus espaldas.

Con este panorama, O’Neill entreteje una trama de reproches, frustraciones y desequilibrios que Luciano Suardi transmite con precisión en su puesta que sabe lograr la mezcla exacta entre el texto y las actuaciones. Suardi abreva sobre los clásicos y lo hace respetando claramente el esquema que plantea el teatro norteamericano de la posguerra y los textos que dan cuenta de una sociedad fragmentada. Sin embargo, los clásicos han sido recientemente un territorio de exploración, con algunas versiones más libres y reinterpretaciones que son riesgos que, en este caso, prefiere no asumir con lo cual cuesta establecer vinculaciones entre la propuesta original y la necesidad de una nueva versión.

La lección de teatro que dan Selva Alemán y Arturo Puig en el escenario, justifican de por sí la realización de una nueva puesta de “LARGO VIAJE DE UN DÍA HACIA LA NOCHE” ya que ambos dotan a personajes complejos de una forma armónica, logrando pasar por los diferentes matices que propone esta pareja quebrada, con suma ductilidad, desplegando todas las herramientas con las que cuentan dos profesionales con sus trayectorias.

En el rol de los hijos Lautaro Delgado Tymruk, como el hijo menor y Diego Gentile como el mayor, también se desenvuelven armónicamente en el escenario y tienen su oportunidad de lucimiento acompañando a estas dos estrellas, aunque gracias al espacio que les brinda el propio texto, son los padres los que llevan el peso dramático de la historia. Cierra el elenco una Julia Gárriz que, en el rol de la criada de la casa, pone cierta cuota  de humor y distensión del clima tenso que propone el texto.

LARGO VIAJE DE UN DIA HACIA LA NOCHE

Dramaturgia: Eugene O’Neill

Traducción: León Mirlas

Dirección: Luciano Suardi

Con Selva Alemán, Arturo Puig, Lautaro Delgado Tymruk, Diego Gentile y Julia Gárriz.

COMPLEJO TEATRAL DE BUENOS AIRES / Sala Casacuberta – Avda. Corrientes 1530 – Miércoles a Domingo 20.30 horas.

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