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Por Rolando Gallego

Debo confesar que en lo personal me acerqué con muchos prejuicios a No me rompan, de Azul Lombardía, basada en una idea de Jazmín Rodríguez Duca, protagonizada por Carla Peterson y Julieta Díaz, que dialoga con temas de agenda y, principalmente, el nuevo paradigma de igualdad de géneros.

Para mi grata sorpresa, a los pocos minutos de iniciada, ingresé en el universo de Ángela y Vera (Peterson y Díaz, respectivamente), dos mujeres en lugares completamente diferentes, de mundos opuestos, que ingresan a un grupo de terapia de ira y terminan por entender que aquello las separaba las termina por unir.

Sororidad, complicidad, amor, son sólo algunos valores que emergen en cada una de las escenas apoyándose en un guion sólido y eficiente que subraya el absurdo y el humor para poner sobre la mesa problemáticas que tienen que ver con el paso del tiempo, el descarte, la belleza heteronormativa y la realidad de mujeres que siguen día a día intentando hacer malabares para cumplir con mandatos y encontrar su lugar en el mundo.

La dupla Carla Peterson (BRILLANTE, que bien le queda la comedia a Carla) y Julieta Díaz (EFECTIVA y transitando un camino que conoce) es increíble, y más cuando comienza la aventura de vengarse de aquel al que acude Ángela para volver a ser parte del medio al que pertenece.

Azul Lombardía lleva a buen puerto un relato que en manos de otra directora o director podría haber terminado en un conjunto de trazos gruesos y estereotipos pero que, gracias a su pericia permite que la reflexión y la inteligencia termine por consolidar su relato.

Dinámica, graciosa, con participaciones especiales de grandes intérpretes como Nancy Dupláa, que logra en minutos sacarle brillo a su personaje, o Cecilia Dopazo, como una déspota conductora entregada a la lógica de la televisión de aire y Fito Páez como un director de televisión un tanto particular, y Salvador del Solar, como el siniestro Sanchez Leven, vale la pena darle la oportunidad a No me rompan y disfrutar de su juego.

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