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Por Marcelo Cafferata

Dentro de la selección disponible en la página de OctubreTV (www.octubretv.com) con motivo del “Festival de Cine Latinoamericano de Bahía Blanca” que se ofrece en forma gratuita, continuamos reseñando algunas de las películas que conforman la muestra.

LA  CHANCHA

de Franco Verdoia – Argentina

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Pablo (Esteban Meloni) quien actualmente vive en Brasil con su esposa Raquel y su hijo Joao, decide hacer un descanso, tomarse unas vacaciones familiares y la elige los paisajes cordobeses que tanto recuerda de su niñez, que es una forma de volver a su pueblo y mostrarle esos lugares tan entrañables a su familia.

Apenas llegados a un pequeño albergue de las sierras cordobesas -cerca de La Cumbre y  Villa Carlos Paz-, en una de las caminatas con su hijo, ven en un chiquero una imagen con unos cerdos que se presenta de una forma inquietante y extrañamente perturbadora, disparador inicial de un conflicto que con un encuentro posterior con una pareja  durante las vacaciones (Gabriel Goity y Gladys Florimonte), desencadenará finalmente, el verdadero epicentro del conflicto.

En este viaje, Pablo sale al reencuentro con su pasado y este impactante encuentro lo obligará a emprender un viaje hacia los lugares más oscuros de su niñez con un trauma infantil que parecía tener olvidado: el pasado vuelve con la potencia de los recuerdos junto con la posibilidad de volver a recorrerlos ya con otra mirada y con otros recursos que permitan aceptarlo y retomar el control. 

Si bien indudablemente uno de los mayores aciertos es un guion que va generando la tensión de un ambiente enrarecido, al mismo tiempo que se interna en las zonas más grises del personaje, el otro gran logro que tiene “LA CHANCHA” es contar con un elenco impecable.

Un perfecto trabajo de Florimonte en una faceta completamente diferente, la composición de Goity que llena de enigma a ese personaje oscuro cargando un pasado que también lo presiona y un protagónico de Estéban Meloni que aprovecha  la oportunidad de lucirse atravesando diversas emociones, atravesando momentos difíciles, sin desbordes.

Como plus “LA CHANCHA” nos despide con una potente imagen final que habla de sanar nuestro niño interior y, finalmente, escapar de nuestro propio laberinto.

DOPAMINA

de Natalia Imery Amario – Colombia

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Como muchos de los “docu-ficción familiar” que ya podemos decir que conforman un género en su mismo, “DOPAMINA” es una nueva exploración al universo íntimo e indivisible de la familia y sus implicancias en la construcción de una identidad.

La directora emprende su propia búsqueda personal en el camino de aceptación por parte de su familia, de su elección sexual y lo va entremezclando con la enfermedad de su padre (sufriendo el avance de un Parkinson que ya es muy notable) que le permitirá ver todo este proceso desde un punto de vista completamente diferente. Así es como surgen, espontáneamente, los momentos de diálogo entre Natalia y su padre, que son lo más disfrutable del filme.

Aun habiendo crecido en un ambiente de supuesta libertad en la crianza con sus padres abiertamente militantes, sin imposiciones religiosas ni ideológicas, la aceptación de su pareja mujer encuentra, sin embargo, una fuerte resistencia dentro del entorno familiar, hecho que ha tensionado y sigue desequilibrando a la familia, desde un cierto rechazo y una actitud algo inflexible.

Frente a ellos, una enfermedad que lo redefine todo y coloca a su padre en una necesidad de cuidado extremo, volviéndose el niño dentro de la relación. Esto permite que en el trabajo se vayan abriendo interrogantes que se resuelven con escenas simples, íntimas, confesionales y muy bien logradas, sin declamaciones pero también sin sorpresas, con un ritmo por momentos demasiado observacional que demora el relato.

Y mientras el Parkinson avanza y se van entretejiendo nuevas relaciones, surge un espacio de exploración diferente que Natalia Imery Amario aprovecha a modo de catarsis personal que permite construir un producto cinematográfico con momentos interesantes, más allá de sus apegos a un esquema tradicional y una historia ya visitada reiteradamente en el género.

LOS QUE VUELVEN

de Laura Casabé – Argentina

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Después de su debut en la dirección con “La valija de Benavidez” con Norma Aleandro y Jorge Marrale, Laura Casabé diseña una propuesta completamente diferente, más volcada al cine de género con una ambientación, una fotografía y un diseño de arte que sorprende desde la primeras imágenes.

La historia, ambientada en nuestra Mesopotamia, en plana selva misionera en los inicios del siglo XX nos muestra a Julia, quien luego de que su hijo naciera muerto suplica a “la Iguazú” una entidad femenina y abstracta para que le devuelva su bebé muerto. Segundos después, el pequeño cuerpo se reanima pero este pedido habrá desatado una serie de eventos dado que se entiende que altera, en cierto modo, el curso natural de los hechos.

Casabé logra amalgamar con su cámara las diferentes propuestas que están contenidas en el guion: desde un fresco social entre las diferencias entre los hacendados y la vida de sus trabajadores en el yerbatal, hasta una pintura minuciosa del rol de la mujer en ese tiempo y en ese lugar, imprimiéndole su tono personal a un cine que si bien coquetea con zombies, muertos vivos y maldiciones, lo hace sin los resortes típicos que suelen mover al cine fantástico ya que el miedo, pasa básicamente por lograr crear una densidad en el ambiente, más que por presentar a “un monstruo”.

La directora logra una mezcla muy bien amalgamada entre el cine de género y el melodrama, potenciado por la época y navega cómodamente entre lo fantástico, lo sobrenatural y la realidad, logrando tejer, inclusive, para otra lectura posible, un relato en donde hay denuncia social y tensiones, con potenciales interpretaciones políticas.

Alejada de la típica narrativa mítica sobre la que suelen estructurarse los relatos de mitologías o creencias populares, Casabé explora el sinuoso límite entre lo real y lo figurado, entre lo fantástico y la alegoría y logra climas verdaderamente perturbadores, salvajes, cargados de tensión, que permiten que el relato cumpla ampliamente con lo propuesto.

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