Por Rolando Gallego

La Casa, de Gustavo Triviño, tiene a Diego Peretti y Cesar Troncoso como protagonistas. Hablamos con Peretti para saber más del proyecto.
-¿Qué fue lo que más te gustó cuando leíste el guion para decir sí, lo hago?
-A mí me encanta cuando estoy frente a un guion que me proponen ir a un bar, anillarlo, imprimirlo, con el marcador rojo, porque los guiones cinematográficos están escritos técnicamente, no con el objetivo de atraparte como lector. Y cuando un guion, empezas, es el primer acto, veinte hojas, tenés ganas de seguir porque te interesa y tenés curiosidad de cómo reacciona y vas leyendo los puntos de inflexión del segundo acto y vos decís, bueno, sube la escalera, sigue subiendo la montaña, y va, y sigue, y qué carajo paso, no te imaginás lo que ocurre, hay un giro que decís, bueno, y llega el final. Y un final, digamos, con personalidad. Bueno, todo eso es lo que me ocurrió cuando leí la película. Y lo conocí a Gustavo Triviño, me había comentado sobre el tema, y nos pusimos en funcionamiento para hacerlo.
-Ahí hablabas, además de verla en su fase más superficial, toca muchas cuestiones que tienen que ver con mucha actualidad, hay temas muy urgentes que tienen que ver con la precariedad laboral, con el tema de la vivienda, también, cómo una persona puede llegar a perder sus sueños, su infancia, su vida en una casa, y perderla. Pero también está el tema de Malvinas, hay algo de mucha urgencia en la película que me parece que eso también la hace atractiva para el espectador…
-Claro, porque los personajes están urgidos. El personaje mío, ni qué hablar, está urgido. Está bajo un cielo de premura, de urgencia, de tener que decidir, de tener que decidir cosas no superfluas en su vida, sino muy personales, que lo tocan identificadoramente de manera muy grande. Y cuando estás urgido en la toma de decisiones, en general, las decisiones te llevan por caminos jurídicamente marginales, en la periferia de la legalidad, y bueno, te vas metiendo en un mundo oscuro, sin tener experiencia, ni acostumbramiento, entonces se ponen en juego valores morales y éticos personales de manera muy real y muy presente, y tiene que seguir decidiendo en ese presente. Eso hace que la película tenga un suspenso simple, pero muy sólido, y a través del género poder acercar al espectador a temas que son muy presentes, no sólo en el país, el corrimiento o el desplazamiento, quedar afuera del sistema laboral, es un problema en general a la gente, después de haber trabajado 30 años en un lugar, quedan afuera y no quedan en un lugar donde te vienen a pedir consejo, donde sos sabio, no, quedas relegado, en el mejor de los casos, en sociedades sensibles, relegado a un buen consuelo, pero en sociedades más crueles quedas relegado, vacío, descartado. Eso es un tema mundial. Y después, ¿qué haces a partir de eso y cómo te las ingenias para seguir focalizado los siguientes 20, 25 años de tu vida?
-Que además por ahí no tenías pensado eso, el amigo viene antes de darle esta solución mágica, dice, pero te reinventás, por ahí Hugo ya no tenía ganas de reinventarse, era, yo ya estoy con mi casa, quiero sentarme acá con el perro y tomar una copa de vino.
-Lo que se llama reinventarse no depende de la voluntad, porque las personas no somos Picasso, o Miguel Ángel para reinventar, o Maradona, o lo que sea. Reinventarse, ¿qué significa? Cambiar de perspectiva y resignificar tu vida, sí, correcto, puede ser, pero para eso tenés que tener tiempo, plata, momentos de reflexión, meditación, probar, errar, volver. Reinventarse en la urgencia, en general no te lleva a un buen puerto, creo yo.
-Contame un poco el encuentro con César…
-Bueno, César, yo lo había visto en otras películas, es un actor muy intenso, dramáticamente, tiene un volumen dramático importante, no le hace falta mucho para comunicar, transmitir drama, intensidad, enigmas, lo hace muy bien, es muy placentero laburar con él, como con los buenos actores, porque están en el momento, están presentes, hay que escucharlos, mirarlos, reaccionar, no están en otro lugar, están ahí, se meten en el personaje, bueno, toda una serie de características que hacen que sea muy agradable trabajar con él.
-Además hoy estrenas Lo dejamos acá. Y hay algo también de estos cambios, del espectador juzgando la moralidad de uno u otro personaje y van cambiando…
-Dos buenos guiones, sí, Lo dejamos acá, es una película de más humor, negro, también de un guión bastante imprevisible, con un sarcasmo implícito fuerte. Me gusta mucho la película, estoy muy contento con el resultado y trabajar con Ricardo Darín.
-¿Cómo fue el reencuentro? ¿Hace cuánto que no trabajaban juntos?
-Trabajamos en La señal. Pero no nos mantuvimos en contacto siempre.
-¿Y tenían ganas de volver en algún momento?
-Sí, fue él el que me llamó, me dijo, mirá este personaje la va a producir Kenya, que es la productora que tiene con Federico Posternak y el Chino Darín, el hijo, con el que había trabajado en El Reino. Así que fue muy placentero, la productora de él, la verdad, me cobijó en todo momento. Darín es un actor de un nivel muy elevado, muy profesional. Y juega mucho. Nos estuvimos ayudando. Las escenas de baile son divertidas. Nos estuvimos ayudando mucho, mucho, el uno al otro, muy agradable, muy agradable.