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Por Marcelo Cafferata

“Sin espíritu, no hay lucha”

Se estrena en el Centro Cultural San Martín, “LA REBELION DE LAS FLORES” el nuevo  documental de la realizadora María Laura Vasquez (“Cuando la brújula marcó el Sur” y “Los 120, la brigada del café”) que focaliza en la lucha de 22 mujeres representantes de 36 naciones de diversos pueblos originarios, que durante el mes de Octubre de 2019, debieron ocupar el Ministerio de Interior para ser escuchadas y exigir, entre otros tantos derechos, el cese de la muerte en sus territorios, un movimiento comandado exclusivamente por mujeres de comunidades completamente indefensas que formaron la “rebelión” que da título a este trabajo.}

Tanto al inicio como al cierre del documental, la deslumbrante fotografía nos sumerge en esos paisajes que muestran el poder inconmensurable de la naturaleza, a la que sólo parece que escuchamos o que nos cautiva cuando vamos de vacaciones. Pero justamente en esas tierras, en esos lugares donde el poder de la naturaleza se hace tan presente, son territorios completamente olvidados por el Estado en donde viven familias, organizaciones y naciones originarias cuyos derechos permanecen silenciados y que jamás forman parte de la agenda política y social que se desarrolla.

Estas mujeres que han llegado desde lugares tan diversos del país como Formosa, Chaco, Santa Fe, Misiones, Salta, Neuquén o Chubut y que debieron hacerlo por sus propios medios, dejando solos a sus hijos y sus familias, se constituyen en voceras del dolor de la tierra, y como ellas mismas proclaman, levantando la frente, mirando sin miedo y tomando a su cargo la defensa de un territorio sin justicia. Es completamente asombroso la completa invisibilidad de estos grupos étnicos en los que hay desde desapariciones y asesinatos, hasta encarcelamientos declarando culpables a integrantes de esas organizaciones que quedan privados de su libertad sin ningún tipo de pruebas, siendo víctimas inclusive de hostigamientos policiales.

Más allá de esto, uno de los objetivos principales de este movimiento es la denuncia del terricidio ambiental con explotaciones de megaminería, represas y emprendimientos que dejan comunidades enteras bajo el agua (bajo el lema de “sembraron terricidio, cosecharon rebelión”) con las consecuencias directas del impacto de estas políticas dentro de cada una de sus comunidades. A través de su reclamo, anhelan poder concientizar y generar un cambio de situación de manera colectiva a través de este movimiento que ha sido un hecho inédito en la historia argentina y mundial.

María Laura Vasquez con su sensibilidad detrás de la cámara, es la directora ideal para reflejar en este registro que se apoya entre el documental y lo periodístico,  esta invisibilidad tan violenta que ejerce el Estado sobre estas comunidades que además son completamente silenciadas en los medios hegemónicos que le dan abiertamente la espalda a cualquiera de sus reclamos. 

Pero también es sumamente impactante poder ver como la gente en la calle o en el subte, hace oídos sordos a los reclamos y se muestra abiertamente indiferente y falta de interés, sumidos en el individualismo y en la apatía, mirándose el propio ombligo.

Con la weychafe Mapuche Moira Millán como eje de esta lucha que tiene la mirada puesta en la mujer originaria como fuerza central de este movimiento, la cámara de Vasquez les otorga visibilidad a estos reclamos de justicia, que se rebelan con una fuerza potente, a más de cinco siglos de opresión, violación y desconocimiento de sus derechos.

Vasquez registra, sobre todo, durante el tramo final de la ocupación pacífica varios alegatos absolutamente conmovedores de estas mujeres indígenas autoconvocadas que además entran en tensión entre la necesidad de permanecer en la lucha por su identidad y volver a sus territorios para atender a sus hijos y sus familias.

“LA REBELION DE LAS FLORES” aporta una mirada femenina y sensible que pone en pantalla un hecho completamente silenciado, que no ocupó las primeras planas de ningún portal ni ningún medio masivo de comunicación y que es una de las formas que tenemos como espectadores de enterarnos de muchas de las cosas que se callan y se invisibilizan en el seno de un Estado que prefiere no mirar a estas minorías y seguir acallándolas e ignorándolas como parte de una Argentina completamente fantasma a la que se le niegan todos los derechos. 

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