Familia muy normal. Crítica: La casa de las palomas.

Tiempo de lectura: 4 minutos

Por Marcelo Cafferata.

Victoria Hladilo ha sabido hundir su bisturí pleno de humor y fina ironía en el mundo de padres, niños y docentes en la exitosa “La sala roja”, uno de los íconos del teatro independiente que se presenta, justamente, en una nueva temporada en plena calle Corrientes.

En “LA CASA DE LAS PALOMAS” le toca el turno a la institución familiar, otro de los “mitos sagrados” a los que Hladilo parece no tener ningún miedo de explorar y se zambulle en el complejo mundo de las relaciones familiares donde apela nuevamente al humor para armar una comedia con algunos toques dramáticos en donde expone todo lo que acontece en la trastienda del cumpleaños del más pequeño de la familia.

En el centro de la escena vemos a Paula, la mamá del cumpleañero que es una pila de nervios, cuidando cada uno de los detalles para que la fiesta de su hijo salga tan perfecta como la tenía planeada.

Tendrá que lidiar con Ely –la empleada doméstica que comparte con su madre y que parece algo complicada para retener todas las órdenes que Paula dispara como una ametralladora-; Lucho -un animador infantil que propone juegos y actividades interactivas y diferentes a las de un cumpleaños más tradicional-, su marido Maxi con quien sostiene una relación francamente tirante donde aparecen el abuso y el maltrato y también estarán presentes sus padres –abuelos del cumpleañeros-, Ana y Emilio.

Particularmente la dramaturgia de Hladilo toma la figura de Emilio, el padre de Paula, enfermo de Alzheimer, para ponerlo en el centro de la escena y a partir de allí, plantear los dilemas más fuertes y dramáticos que plantea la obra, tanto desde el sentir del propio personaje como del impacto que producirá en el resto de la familia.

Justamente desde ese lugar, poder expresar toda esa presión y ese peso que recae sobre Paula de ir sosteniendo un delicado equilibrio de todas estas piezas: la presión de cumplir con su hijo, seguir manteniendo un matrimonio totalmente resquebrajado que produce enfrentamientos con sus propios padres por un importante tema de dinero y principalmente, por ese difícil lugar de tener que convertirse en madre de sus propio padre.

Fragmentada en varios pedazos, Paula además parece no poder contactar con sus verdaderos deseos, más preocupada por cumplir con el “deber ser” que por sentirse fiel a sí misma y toda esa dualidad se pone en juego en el fuerte vínculo con su madre, Ana, que por momentos parece un ser completamente egoísta que pretende que el mundo gire sobre su eje y en otros, parece completamente diezmada por ese amor que perdió, aunque su esposo siga ahí físicamente.

El estilo de Hladilo le permite encarar todos los temas planteados, con mucho humor, y ésa es justamente la clave para no caer en ningún tipo de dramatismos y poder sostener el ritmo vertiginoso de la obra, descomprimiendo los momentos más duros con una franca carcajada, sin que por eso signifique dejar de lado la profundidad y la hondura en el abordaje de cada una de las situaciones. 

Aún en los estereotipos que plantea en ese reverso de la trama, que es la cocina de ese salón de fiestas en donde se desarrolla la totalidad de la obra (con lo cual se aprovecha fuertemente esa idea de “espiar” todo lo que sucede tras bambalinas), “LA CASA DE LAS PALOMAS”  se reafirma en ese toque de grotesco y de radiografía crítica sobre algún estatus de clase (el lugar que ocupa Ely durante toda la obra), generacional (hay momentos en que Ana parece tener la mente mucho más abierta que su propia hija) y de género (la presión social sobre la mujer de ocupar esos múltiples espacios madre / esposa / hija / profesional).

A medida que avance el relato, saldrán a la luz los egoísmos, individualismos, deseos –reprimidos o no-, manipulaciones y conveniencias, que harán que se desmitifique la figura de la familia como arquetipo del bienestar y el amor filial. Hladilo logra una vez más una puesta precisa con un elenco compacto y homogéneo –teniendo ella misma a su cargo el personaje de Paula, pleno de matices-, los trabajos más sobresalientes están a cargo de Ana y Emilio, los padres de la protagonista.   

Roxana Randón –actriz de una gran trayectoria tanto en teatro como en televisión- construye una Ana, tan explosiva como vulnerable y dota a su personaje de un gran histrionismo, que tiene su pico máximo en un excelente duelo actoral con Hladilo en un diálogo de ritmo desopilante con unas alfombras llenas de “entrecomillados”.

Por su parte, José María Marcos (recordado por sus trabajos en “Tercer Cuerpo” “Tribus” “El amor es un bien” y recientemente en cine en “Lejos de Pekin”) compone a un Emilio convincente en sus momentos de desvarío, atrapado por el avance de su enfermedad y tiene la capacidad de disparar frases en el momento exacto que hacen explotar la carcajada mientras que logra, casi al mismo tiempo, escenas sumamente conmovedoras en un trabajo complejo, que resuelve sin estridencias, poniendo en juego todos sus recursos.  

“LA CASA DE LAS PALOMAS” presenta las disfuncionalidades propias de una familia clase media argentina, con mucho humor dispuesto en un texto veloz y profundo, que al mismo tiempo se permite reflexionar sobre nuestros adultos mayores, la vejez de nuestros padres y esa necesidad potente que tiene el alma de pertenecer a ese núcleo familiar –a veces, a cualquier precio-.

“LA CASA DE LAS PALOMAS”

Domingos a las 21 hs

El Camarín de las Musas – Mario Bravo 960  – C.A.B.A.

Nutrirse una y otra vez. Crítica: La savia.

Tiempo de lectura: 4 minutos

Por Marcelo Cafferata.

Después de haberse presentado en la temporada 2017 en la sala Orestes Caviglia del Teatro Nacional Cervantes y una breve temporada durante el segundo semestre de 2019 en la íntima sala de Dumont 4040, La Savia vuelve ahora como una de las obras que componen el proyecto de llevar consagradas obras del off a plena calle Corrientes.

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