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Por Marcelo Cafferata

Desde “Bowling for Columbine” de Michael Moore o “Elephant” de Gus Van Sant, los directores han puesto el foco en las consecuencias que aparecen luego de una masacre escolar, fenómeno que se viene repitiendo con mayor frecuencia y en diferentes latitudes.

En este caso, el corto animado de Will McCormack y Michael Govier se instala en el dolor y el vacío que le produce a una pareja la pérdida de su hija. ¿Hay forma de permanecer juntos después de un hecho de esa naturaleza? ¿Cómo comenzar a reconstituirse después de esa devastación tan profunda que se siente?.

Con una técnica de animación más apegada a los cánones tradicionales y los trazos de carbonillas y a mano alzada, la fuerza radica en la potencia de los dibujos y los colores utilizados en algunos elementos para que la historia, sin palabras,  logre emocionarnos, conmovernos y transmitir con mucha efectividad,  ese cúmulo de sensaciones en un periodo de luto –donde cada uno de los personajes aborda el proceso de manera diferente- y de profunda desesperanza.

Un corto que vuelve sobre una historia que abre una herida reciente, nos permite reflexionar sobre la violencia, el uso de las armas, el dolor de esas pérdidas y la posibilidad de salir adelante.

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