Tiempo de lectura: 2 minutos

Por Marcelo Cafferata

Para quienes hayan atravesado la experiencia teatral de “EL PADRE” que formó parte de la cartelera porteña a cargo de Pepe Soriano y Carola Reyna, con una impecable puesta de Daniel Veronese, se hace complejo vibrar con la película de la misma forma que con esos personajes en vivo sobre el escenario, para contarnos una fuerte historia de vacío y desolación frente al avance de una enfermedad que va diezmando la mente del protagonista.

Sin embargo, la mano de Christopher Hampton en el guion –adaptando la obra del propio Zeller- y las impactantes actuaciones de Anthony Hopkins y Olivia Colman, logran superar la malograda versión francesa para la pantalla grande (“Floride” de Philippe Le Guay con Jean Rochefort y Sandrine Kiberlain) y transmitir, en este caso, una profunda emocionalidad con recursos absolutamente genuinos.

Lo interesante de la puesta cinematográfica –tal como ocurría en la versión teatral- es desorientar al espectador respecto del rol de cada uno de los personajes, de forma tal que vamos abordando la historia con el mismo caos y el mismo desorden que vive el protagonista ante la presencia cada vez más marcada de una enfermedad como el Alzheimer y el fantasma de la demencia sobrevolando la situación.

Al mismo tiempo, si bien se desarrolla en un ambiente cerrado y una misma locación, el movimiento de cámaras y las situaciones que suceden en cada ambiente, le dan un “aire” muy particular sin que quede la sensación de que fuese meramente teatro filmado.

El extravío, la repetición de los días, las fallas en la memoria se van impregnando en el rostro y en las actitudes de Hopkins que sin ningún tipo de subrayados ni exageraciones, conduce su personaje magistralmente hacia una zona de angustia y desazón, de no retorno y aprovecha cada una de las sutiles líneas de texto de la pluma de Zeller, y la inteligencia de Hampton.

A su vez, las participaciones de Imogen Poots, Rufus Sewell y Olivia Williams dan un toque de clase a este debut de Zeller detrás de las cámaras. Pero merece obviamente una mención más que especial, el elevado contrapunto actoral que entabla Olivia Colman junto a Hopkins, con una inusitada potencia en la mirada, esos enormes ojos de Colman que ocupan la pantalla y expresan el profundo dolor y el difícil momento de decisión que debe atravesar su personaje, ante un padre que se va esfumando frente a su vista y la desesperación que le produce ese deterioro.

Un texto de excelencia, grandes actuaciones y una profunda posibilidad de reflexión para aquel momento en que los hijos se vuelven padres de sus padres y aparece la piedad y la comprensión, el amor y la entrega frente al devastador viaje a una tierra donde la memoria que enmarca en las ausencias.

Nominaciones: Mejor Película, Mejor Actor (Anthony Hopkins), Mejor Actriz (Olivia Colman), Mejor Guion Adaptado, Edición, Diseño de Producción.

Compartir en: