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Por Marcelo Cafferata.

No hay, quizás, mejores palabras que las de la propia Alejandra Flechner, directora de “TURBA” para describir una de las sensaciones que se quedan pegadas en el cuerpo cuando uno termina de ver la obra: “Todo es reescritura, en el papel, en el cuerpo, en la escena. Soy interesada en esa ósmosis en la que no se sabe qué es de quién cuando es una orgía…”.  Y así sucede, justamente.

La mixtura entre estas tres potentes mujeres en el texto, la actuación y la dirección, se entremezcla, y no podríamos hablar del trabajo de una de ellas sin entramarlo directamente con el trabajo de las otras dos. Aportando cada una su visión, su trayectoria, su experiencia, su arte, en TURBA se encuentran y ponen sus fuerzas al servicio de este espectáculo unipersonal que sorprende por varios motivos.

En principio aparecerá la fuerza de la palabra en la visceral dramaturgia de Laura Sbdar (destacando además que con esta obra ha sido ganadora del premio Germán Rozenmacher a la nueva dramaturgia) que no recurre a un formato convencional para hablar de temas como la explotación de las mujeres a través de la trata, la violencia de género, el abuso, el abandono y la marginalidad.

Se vale, por el contrario, de un relato fragmentado que como una especie de rompecabezas, invitará al espectador a unirse al juego de unir sus partes hasta encontrar la propia forma. De esta forma, Sbdar intencionalmente se aparta y se rebela frente a la posibilidad de una dramaturgia más estructurada que narre una historia de la forma más tradicional.

Se atreverá entonces a mezclar prosa, poesía y canciones, se permite jugar con las palabras y los diferentes tonos con los que va construyendo el texto que se aleja de cualquier “comodidad”, incluyendo un lenguaje directo, explícito, intenso, que no se observa con tanta frecuencia en los textos teatrales.

Este mismo lenguaje es el que atraviesa toda la obra haciéndonos partícipes de una manera directa, sin artificios, sin afectación, sin manipulaciones teatrales. Sbdar va directo al centro de sus personajes, desnudando su alma frente a un texto innovador y que toma riesgos.

El relato arranca, voraz y directo: a Turba -una mujer atrapada en una red de trata, ejerciendo la prostitución- le arrancan a su hija Plomito de una forma bestial quedando absolutamente sola, sin tampoco contar con la compañía de su compañera de cautiverio quien también desaparece violentamente. Su único objetivo será escapar para reencontrarse con su hija y de alguna forma, poder reescribir juntas esta historia.

La puesta en escena de la talentosa Alejandra Flechner potencia cada una de las múltiples aristas que propone el texto. Se aleja completamente de cualquier límite y se abre directamente al juego teatral sin miedo a mezclar, experimentar, dejar fluir, generando una fuerza extraordinaria en el espacio escénico.

Dos cajas separadas por un camino desde donde Turba llega con la potencia de sus boleadoras, representan los dos lados de la historia en la escenografía de Laura Copertino, atenta a cada uno de los detalles.

Flechner en su puesta, propone desde un reguero de bombachas que describen el sexo reiterado y permanente con cada uno de los clientes, hasta un velador cómplice que permite relatar escenas sexuales con la creatividad de poder transmitir a través de un juego de sonidos y movimientos, toda una escena que se despliega en el imaginario de ese territorio de luces y sombras.

El texto de Sbdar reverberado en la puesta de Flechner encuentra en Iride Mockert una intérprete con una entrega asombrosa.

Desde su unipersonal “La Fiera” de Mariano Tenconi Blanco, pasando por “Yiya, el musical”, el humor de “Chicas Católicas” o la puesta de “Madre Coraje” de Brecht según Muscari, roles en cine, y sus participaciones en Microteatro, Mockert es básicamente una actriz absolutamente todo terreno.

“TURBA” es una oportunidad más para que pueda demostrar su talento no sólo como actriz sino como cantante, un registro tan amplio que le permite ir desde el trap a la cumbia, tocar el keytar, o irrumpir en un cuadro con boleadoras. Su entrega y su histrionismo son absolutos: nos sumerge en situaciones de completo dramatismo con una aspereza brutal, se permite jugar con el humor y pasar desde momentos de una tensión insoportable para luego, momentos después, aparecer estallando al ritmo de cumbia en una caracterización que oscila entre una bailantera atrapada en un antro decadente con una princesa salida de un lujoso animé. 

Mockert fagocita el texto de Sbdar en el mejor de los sentidos, lo hace propio, vibra al ritmo de la propuesta de Flechner y consiguen en esa orgía creativa, una mirada femenina, comprometida, testimonial, militante y tan urgente como todos los temas que van saliendo a la luz y que la obra refleja, con la valentía necesaria que se impone en un hecho artístico fascinante.

TURBA

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El Portón de Sánchez – Sánchez de Bustamante 1034 – CABA – Lunes 21.30 hs

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