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Por Rolando Gallego

Una escena de la entrañable película

La larga vida de los recuerdos, de Mariana Russo y Alberto Masliah, es una emotiva propuesta en la que se repasa, de manera simple, cómo aquellos que no están,  y los que están, pero fuera de nuestras vidas, terminan influyéndonos. Por acá cuentan detalles sobre dirigir en dupla la película.

-¿Cómo surgió el proyecto?

-Mariana Russo: El proyecto surge de la necesidad de contar historias sobre el proceso de duelo. Siempre supimos que la película iba a ser una película coral, me gusta algo de ese misterio que tienen las personas, no sabemos de su vida ni de sus conflictos más profundos con personas que por ahí nos relacionamos a diario, cotidianamente. Me junté con Gustavo Cabaña, el guionista de La larga vida de los recuerdos, para ver que posible historia podíamos contar. El tema de la muerte estaba siempre presente, pero mientras trabajamos la idea a él le falleció su madre y a mí, mi viejo, así que la película cobró más sentido, fue una manera de acompañarnos en el duelo.  La película siempre tuvo una imagen principal que es una mujer que pare y alguien que muere al mismo tiempo. También en el proceso creativo de la película Alberto fue papá entonces todo el tiempo nos acompañó esas dos pulsiones, la pulsión de vida y muerte. Mientras estábamos trabajando las ideas.

-¿Cómo fue dirigir de a dos?

-MR- Fue muy hermoso, conozco a Alberto desde sus primeras películas porque hice Dirección de fotografía de gran parte de su obra. Desde el principio nos pusimos desafíos, en  la primer conversación que tuvimos al respecto de cómo manejar los roles le dije “lo más fácil sería que vos dirijas actores y yo dirija cámaras pero me parece que el desafío es hacer todo lo contrario” Entonces tuve la oportunidad de hacer un viaje dramático con los actores que para mí fue riquísimo e inspirador. Por momentos no estaba definido la división de roles, entonces mareamos un poco al equipo, pero lo que mejor funcionó fue que al principio de  rodar las escenas Beto “ordenaba” al equipo y a los actores y luego entraba yo a trabajar desde la improvisación o emocionalidad dentro de la escena.

-Alberto Masliah: Dirigir con Mariana fue todo un aprendizaje. Nunca había co-dirigido y hacer el ejercicio de desapego para dejar al otro decidir me cambió como director. Claro, que Mariana era y es la mejor persona con la que podría haber hecho esto. Ella es muy generosa y dejó que yo intervenga en una historia mucho más suya que mía. Nos conocemos mucho, somos grandes amigos, nuestro chiste es que somos como un matrimonio viejo, de esos que se entienden hasta la mirada. Lo bueno es que nos complementamos muy bien. Y creo que eso se nota en el resultado.

-¿Cómo fue seleccionar a los protagonistas?

-MR: La selección del elenco fue por casting a cargo de María Lía Bagnoli que también tuvo un papel en la película;  ella dirigió a los actores en el casting, en algunas fechas fui yo a dirigirlos y luego cuando miramos todo el material la selección fue muy intuitiva Hicimos pruebas de duplas de trabajo y ahí terminamos de definir elenco.  En esos ensayos surgieron también formas de tratamientos de las líneas dramáticas, sobre todo en la dupla de Estela Garelli y Ariadna Asturzzi.

-¿Con cuál de las historias se identifican más?

-MR: A mí me vibran las cuatro historias por diferentes motivos, en cada una tengo un motivo de identificación.  En la historia de Mario quien va a su pueblo natal, hay una referencia histórica sugerida, el hecho de la pelea del zurdo Lausse con Loíza en el  56 eso está relacionado con los fusilamientos de José León Suarez (hecho que narra Rodolfo Walsh en “Operación Masacre”), un hecho histórico que mi abuelo vivió de cerca porque lo podrían haber asesinado allí. Mi abuelo Viscarra perdió compañeros/hermanos en ese hecho.   La historia de Leandro que duela su ruptura amorosa con Julieta, nos atraviesa un poco a todos, duelar que lo que llegó a ser, un amor interrumpido, algo que no llegó a suceder ¿a quién no le pasó? La historia de las chicas Ana y Gabriela si bien yo no viví algo parecido y es una aproximación intuitiva al tema, el tema de las parejas abiertas me interpela personalmente.  Y con respecto a la historia de Carmen y Ramona me interpeló la historia en sí. En un momento de nuestro camino creativo le dije a Gustavo el guionista “yo hago está película por lo que significa el reconocimiento de la identidad de un hije” eso que está reflejado en el último diálogo que tiene Carmen en la película.

-AM: La línea de Leandro, fue muy importante para mí, luego de un largo matrimonio me separo y con mi nueva pareja tengo mi tercer hijo, hoy de 3 años y medio. Esa historia es un buen resumen de mi momento de vida, cuando estábamos gestando la película. Y la de Ramona, dónde siento una gran afinidad temática. Esta es seguramente, la línea que más tiene que ver con mi cinematografía antes y después de esta película.

-¿Qué significa para cada uno los recuerdos?

-MR: Para mí los recuerdos son identidad, es lo que nos conforma. Yo creo que somos una mezcla de momentos, recuerdos y sueños.

-AM: Concienciado plenamente con Mariana, somos lo que recordamos y lo que soñamos. O mejor dicho lo que elegimos soñar y recordar. Lo dice Gabo Ferro en su canción en el momento de clímax de la película, yo soy todo lo que recuerdo.

-¿Con qué les gustaría que se conecten los espectadores al ver el relato?

-MR: Para mí la película es homeopática, caen las fichas al día siguiente y me gustaría que la película le dispare al espectador sus propios recuerdos, creo que es lo mejor que puede hacer un film.

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