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Por Marcelo Cafferata

Franco Verdoia estrenó su primer trabajo dirigiendo en solitario, “La Chancha” (ver reseña en: http://ludiconews.com.ar/el-pasado-es-un-animal-grotesco-critica-la-chancha/) y justamente con motivo de este estreno es interesante repasar sus trabajos anteriores, dos largometrajes codirigidos junto a Pablo Bardauil.

La primera de ellas es la coral  “Chile 672”, un edificio que da título al film donde la cámara irá deteniéndose en cada departamento para poder contar las distintas historias de los habitantes del edificio (con un notable elenco compuesto por  José Luis Alfonzo, Érica Rivas, Florencia Peña, Carlos Portaluppi, Dora Baret, Héctor Bidonde, Lito Cruz, Gloria Carrá entre tantas otras participaciones). Posteriormente, presentan en BAFICI 2015, “LA VIDA DESPUES” recientemente liberada por los directores en estos tiempos de aislamiento obligatorio, para poder disfrutarla en casa.

En la primera escena Juana (María Onetto) dispara en forma directa y contundente una sentencia irrevocable: “Me quiero separar. No sé cómo va a ser la vida sin vos, pero es un paso que tenemos que dar”.

Se percibe, en el ambiente, frialdad, distancia, un cierto alejamiento: elementos que hablan de un proceso que ya lleva un tiempo y que sólo Juana se permite poner en palabras para que cada uno de ellos pueda liberarse de ese peso que parece significar seguir adelante con la pareja. Restarán sólo unos pocos momentos juntos para que la separación finalmente se concrete, y a partir de allí,  acompañaremos a cada uno de ellos en el difícil proceso de comenzar a reconstruir(se) una nueva vida sin el otro.

Ella es quien ha tomado la decisión pero, sin embargo, le sigue diciendo que lo quiere mucho y demuestra su cariño mientras él (Carlos Belloso en un papel completamente diferente a sus roles televisivos), confundido, la sigue mirando con una ternura y una profundidad amorosa donde siente que no hay nada definitivo ni terminado sino que por el contrario, hay una posibilidad de reconquistarla. Una notable escena en un restaurant –delicadamente filmada deteniéndose en los gestos, las miradas y lo que subyace sobre lo dicho- deja al descubierto que hay sentimientos encontrados y que la separación, claramente, no ha significado lo mismo para cada uno de ellos.

Bardauil construye un guion que sabe incorporar lo teatral dentro del cine, tanto en el profundo trabajo de los actores como en la disposición de algunas escenas que con su teatralidad potencian el conflicto y permiten instalar, exactamente, ese juego entre realidad y ficción, entre los hechos y las proyecciones que van tejiendo los protagonistas.

Un tercero en discordia (Rafael Ferro) no solamente echa por tierra algunas esperanzas que todavía quedaban en él de recuperar ese espacio de pareja, sino que además potencia y le da una nueva lectura a ciertos hechos ocurridos en el pasado.

La ausencia de ella se hace insostenible para Juan, los recuerdos lo invaden, aparecen permanentemente, se plantean potenciales escenarios, agregando incluso diferentes elementos -alterando involuntariamente lo ocurrido, en un juego de alternativas que su propia mente va planteando- y le harán compañía en ese esquema de soledad al que parece no poder adaptarse. Serán la base de su nueva obra como escritor, donde podrá vehiculizar toda esa angustia que no puede procesar de otra manera (subrayando, de esta forma, ese inteligente cruce entre ficción y realidad, entre su obra literaria y lo realmente vivido, de ficción dentro de la propia ficción).

Un hecho puntual hará que la historia tenga un giro imprevisible y se espeje sobre sí misma. Finalmente, en este viraje total, el peso de la ausencia se apoderará de Juana y comenzará a plantearse el revés de la trama.

Película estructurada no sólo en una propuesta que juega con lo fantasmal de los recuerdos, el olvido y las pérdidas sino con un guion que se permite la posibilidad de una narrativa diferente que rompa con ciertas cronologías y determinados esquemas, “LA VIDA DESPUES” se agiganta con dos notables trabajos de María Onetto y Carlos Belloso.

Él construye un Juan completamente alejado de los tics televisivos, un ser vulnerable, que queda expuesto en su intimidad y en sus zonas más grises y Belloso lo compone a partir de pequeños gestos, con su fragilidad a cuestas, que traduce en sus miradas, en su andar y en sus vacilaciones.

María Onetto tiene el talento de brillar tanto en su Juana despótica como estrella dentro del mundo televisivo, en su faceta más sensual cuando juega con su ex marido y con su amante, o completamente desprotegida y quebrada ante esa nueva vida y todo lo que ya nunca podrá ser.

Una notable puesta en escena de Verdoia y Bardauil que no temen derribar convenciones, para abordar las zonas menos complacientes de los personajes, hacen de “LA VIDA DESPUES” un interesante ejercicio actoral y la posibilidad de ver brillar a Onetto y Belloso en un texto que los hace vibrar en la mejor cuerda.

Disponible en:  vimeo.com/112824308

Clave: lavidadespues

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