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Por Nicolas Mancini.

Encontrar una película como «Bacurau» en las salas argentinas es tan difícil como encontrarle errores a cualquiera de los filmes que componen La trilogía del dólar, de Sergio Leone.

En su tercer largometraje, Kleber Mendonca Filho (en este caso en colaboración con Juliano Dornelles) revive al director italiano y ofrece la posibilidad de que el público vea algo similar a lo que sería un western de Sergio atravesado por los avances tecnológicos que describen esta época.

A su vez, el film funciona como una brutal alegoría política de Brasil: cuando pasen los años «Bacurau» no servirá solo para entretener sino que será un checkpoint que apunte con el dedo a los que, al momento de su estreno, eran dueños del poder.

La estructura de Bacurau está delimitada por tres grandes porciones heterogéneas y embebidas en un estilo que, como fue mencionado anteriormente, toma ideas leonianas, así como también conceptos de la filmografía de Glauber Rocha y de Aquarius, del propio Mendonca Filho, que supo mostrar a una prodigiosa Sonia Braga (en esta adquiere un registro diferente, cuasi deshumanizado) en una historia, al igual que en «Bacurau», de fuerte contenido metafórico y social.

Para no arruinar ninguna de las decenas de sorpresas que tiene la película lo único que se puede adelantar de la trama es que comienza con dos jóvenes llegando a un pueblo que está desapareciendo del mapa -literal- y poco a poco se ve afectado por eventos misteriosos.

Si bien el esqueleto del film se mantiene en pie por cuestiones de la estructura clásica, en contadas ocasiones Kleber y Dornelles se atreven a romper los esquemas de sentido y movimiento de los personajes. En varias situaciones puntuales, el narrador aporta inquietud, misterio y abstracción a través de planos repetidos y desubicados en tiempo y espacio; misteriosos personajes y acciones que no explicitan nada concreto y superposiciones, fundidos y sonidos que no parecen no condecir con el mundo real. 

«Bacurau» es un film crudo, celebratorio, de esos que se valen de cuanto recurso cinematográfico haya para criticar, entretener y funcionar como ejercicio de estilo en partes iguales.

Mendonca Filho le canta re-truco a sus dos películas anteriores y regresa de nuevo para molestar y exponer a clásicos reversionados, biopics políticamente correctas y decenas de secuelas, remakes y reboots. En esta película, las voces de la dupla de directores se hacen siempre presentes y su audacia y creatividad no hacen más que confirmar que habrá que tenerlos en cuenta a futuro.

POR QUE SI:

«El film funciona como una brutal alegoría política de Brasil»


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