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Entrevista Mauricio Albornoz Iniesta

Por Rolando Gallego

Una canción para mi tierra, de Mauricio Albornoz Iniesta, llegó a los cines con su mensaje de trabajo colectivo y comunidad frente a las diferencias. Hablamos con su director para saber detalles del film.

La película viene con un recorrido muy lindo hasta llegar al estreno, ¿cómo te sentís con ahora presentarla en salas?

La verdad es que lo vivimos con mucha emoción. La película tuvo un recorrido muy hermoso en festivales, viajando por más de 30 países, recibiendo premios y, sobre todo, conectando muy profundamente con el público. Eso nos dio mucha confianza y también mucha alegría.

Pero el estreno en salas en Argentina tiene algo especial. Es volver al lugar donde nació la historia, donde todo esto sucede. Hay una mezcla de entusiasmo y también de expectativa por ver cómo reacciona el público local. Para nosotros es un paso muy importante, porque sentimos que la película encuentra su verdadero sentido cuando se comparte con la gente, cuando genera preguntas, emociones y, ojalá, ganas de hacer algo.

¿Cómo conociste a Ramiro y su proyecto? ¿Cuándo supiste que había ahí una película?

Llegamos a esta historia a partir de una investigación que empezamos en 2013 sobre el impacto de los agroquímicos en comunidades rurales. Nos encontramos con una realidad muy dura: había muchos más casos de cáncer y problemas congénitos que en las ciudades, y los más afectados eran, tristemente, los niños.  Durante varios años buscamos la manera de contar esta problemática. Pero no queríamos hacer una película de denuncia como las que estamos acostumbrados a ver —necesarias, sí, pero muchas veces atravesadas por la angustia—, sino encontrar una historia que también ofreciera una luz, una posibilidad de transformación.

En 2018, un amigo nos habló de Ramiro, un maestro rural de música que trabajaba con sus alumnos componiendo canciones sobre distintas problemáticas ambientales, entre las que se encontraba también el problema de las fumigaciones. Fuimos a conocerlo y enseguida sentimos que ahí estaba la película. Había algo muy potente en ese cruce entre infancia, arte y una problemática tan compleja. Y que nos llenaba de esperanza. Es importante señalar que el proyecto Canciones Urgentes para mi Tierra, en el que se basa la película, aborda una gran variedad de problemáticas ambientales, tanto propias como ajenas a las comunidades. Sin embargo, desde la película decidimos poner el foco en el tema de los agroquímicos, que era el que veníamos trabajando en mayor profundidad y el que entendíamos que era uno de los más sensibles y difíciles de debatir en esos territorios.

¿Qué fue lo más complicado del rodaje?

Fue desafiante en varios sentidos. Por un lado, ser fieles al espíritu del proyecto Canciones Urgentes para mi tierra, que busca visibilizar problemáticas ambientales desde una mirada artística, construida con los niños y desde el respeto y el amor. Sabíamos que eran temas sensibles, muchas veces resistidos por los adultos, y encontrar la manera de abordarlos sin perder esa esencia fue un gran desafío. Y por otro lado, algo muy concreto pero igual de complejo: organizar un mega concierto en medio del campo, con más de 20 grupos musicales muy importantes, prácticamente sin recursos. Fue una tarea titánica, llena de obstáculos, pero también profundamente hermosa. Nada de eso hubiera sido posible sin el compromiso y el apoyo de muchísima gente que se fue sumando a esta especie de “locura” colectiva.

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