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Entrevista Cristian Ponce

Por Rolando Gallego

La frecuencia Kirlian, de Cristian Ponce, ya se puede ver en cines, una experiencia cinematográfica aterradora, que reúne varios episodios de su aclamada serie. Hablamos con él.

¿Cuándo supiste que la serie también tenía que ser película?

Yo empecé a laburar el concepto de «La Frecuencia Kirlian» en 2007 o 2008, siempre pensando en televisión, una serie antológica con episodios de media hora. En 2009 hicimos un piloto live-action que nunca terminamos, y de ahí en más tuve varias idas y vueltas con ideas y formatos posibles durante casi diez años. En medio de todo eso escribí una primera versión como largometraje (del que no se conservó nada para la versión actual), así que era una idea que ya consideraba realizable incluso antes de que se haga la serie que terminamos estrenando. Después vino la animación en YouTube, la serie en Netflix, seguimos estrenando episodios cada tanto, y con los episodios 9 y 10 se nos sumó Flixxo, que produjo ese primer final para la historia. Después de eso nos unimos Tangram Cine, Decimu Labs y Flixxo para empezar a trabajar más seriamente en la idea de hacer un largometraje que sirviera como cierre para la serie, pero también como una nueva encarnación que pudiera ser disfrutada por un público que no conociera el proyecto original.

¿Cuál fue la fuente de inspiración de cada uno de los relatos?

Escribimos el guion de la película junto con Hernán Bengoa, así que solo conozco la inspiración para apenas la mitad de los relatos. De todas formas, y para no hacer mucho spoilers, te cuento que el primero de ellos surge de la combinación de dos fuentes distintas: Por un lado un artículo que leí hace varios años en un blog sobre la costumbre que tienen en algunas regiones de EEUU de hacer circular la pornografía de manera anónima (esto me lo confirmaron luego, cuando la película se proyectó en festivales yanquis), dejando pilas de revistas usadas y abandonadas en bosques o parques; por el otro una anécdota de sobremesa que me contaron hace varios años sobre un librito esotérico del que su poseedor quería librarse, pero que indefectiblemente encontraba su camino de regreso a casa. De mezclar esas dos fuentes surge la primera historia que presenta la película, la de una revista porno embrujada.

¿Por qué crees que el género atrapa tanto a los espectadores y en particular el argentino logra posicionarse como uno de los más importantes en el mundo?

El terror, ya desde su nivel más básico, nos permite disfrutar de tener miedo. Hay algo químico que se activa cuando estamos en peligro y que es más o menos disfrutable a nivel fisiológico, y ver películas de terror (o incluso meternos en un tren fantasma) nos permite experimentar eso sin correr un peligro real. Pero también nos sirve como vía de escape para las ansiedades, y viste que los argentinos somos bastante ansiosos… Además se dice que el mejor terror siempre se ha producido en tiempos de crisis política y económica, y de eso también sabemos bastante.

¿Cuál fue el principal desafío de la película?

La película tuvo muchos desafíos en varios momentos de la producción. Pero creo conseguir un guion que funcione fue no solamente el primero sino uno de los más grandes. Sabíamos que el objetivo era conservar la estructura antológica, pero a su vez lograr que se sintiera como una película de verdad y no como una suma de episodios. Pasamos mucho tiempo probando cosas hasta que finalmente se fue dando una lógica que era coherente con el espíritu de la serie. En algún punto, y en retrospectiva, pereciera que la versión que finalmente rodamos era la única posible, pero durante varios meses existieron otras maneras de contar esta misma película que parecían ser las indicadas. Yo disfruto mucho de la escritura, porque un poco es el momento en que todo es posible, pero también hay mucha incertidumbre porque- justamente- todo es posible.

Pasó por el Rojo Sangre y fue un fenómeno, ¿con qué te gustaría que se conecte el público ahora al verla?

Una de las cosas más difíciles de lograr en cine es que la película encuentre a su público una vez que está terminada. Nosotros venimos de un muy buen paso por festivales (especialmente por el BARS), así que de alguna manera ya probamos que la película está buena y funciona. El tema ahora es que la gente se entere de que se estrenó y que vaya a verla. Lograr esa unión entre la película que quiere ser vista y el público que quiera verla. Digo, yo no creo que haya películas para todo el mundo, pero sí sé que todas las películas tienen un público asegurado allá afuera, que muchas veces ni se entera que su potencial película favorita existe en algún lado. Por eso es tan importante la labor de difusión, ya sea formalmente en medios como este como luego el boca en boca y las recomendaciones del público. Con todo esto, que el público conecte con lo que conecte. Una de las bondades del formato antológico es que las distintas historias van a conectar con distintos espectadores.

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