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El gran salvador. Crítica: “Proyecto fin del mundo”

Por Rolando Gallego

En una escena de Proyecto fin del mundo, de Phil Lord y Cris Miller, protagonizada por Ryan Gosling, Sandra Huller, que encarna a la doctora Eva Stratt, quien recluta a Grace, el personaje protagónico, llega a un karaoke de despedida de la tripulación que viajará al espacio exterior y comienza a entonar Sign of the times, de Harry Styles.

La letra encaja a la perfección, con la película y con el momento que viven sus protagonistas “Welcome to the final show, hope you’r wearing your best clothes”, una despedida y un adiós para siempre para algunos.

Basada en la novela de Andy Weir, de quien ya vimos Misión Rescate, Proyecto fin del mundo, cuenta la historia de Grace, un docente de ciencias naturales en escuela primaria, que escribió hace tiempo una tesis que es descubierta por Stratt y que podría salvar a la Tierra de su próxima extinción.

Al principio Grace no entiende por qué lo llaman. Porque como dice él, no es astronauta, científico, ni siquiera imaginó viajar al espacio.

Pero lo obligan, no queda tiempo, el mundo tal como se conoce, va a desaparecer, el sol está siendo fagocitado y la vida en la Tierra ni siquiera va a existir.

La misión parte, pero Grace se convierte en el único sobreviviente, y, con inteligencia, la novela y la película, nunca da pistas si aquello que contactará con el viajante, un ser del espacio exterior, es real o es mentira.

Proyecto fin del mundo se divide en tres partes, una que comienza con el reclutamiento de Grace, su resistencia, su conexión con la tarea, una segunda cuando se descubre solo en medio de la nada, y una tercera en a que conecta con Rocky, el amigo del espacio exterior con el que entablará una amistad y un impulso de cooperación para salvar sus respectivos mundos.

Acaso las costuras entre cada una de las etapas resiente un relato potente, universal, con una banda sonora impactante (atención al momento Mercedes Sosa) y que apela a la nostalgia de conocer, por otras películas, cómo se resolverán los conflictos.

No hay sorpresa, sí hay grandes escenas, como la mencionada anteriormente del karaoke, o también algunas en las que Grace da rienda suelta a sus deseos, sabiendo que está solo en medio de la nada.

Gosling está correcto, pero no emociona, su rostro se mantiene igual en cada uno de los momentos en los que debería mostrar otra faceta.

Así y todo, pese a las costuras visibles, los golpes bajos, y la extensión que le juega en contra, Proyecto fin del mundo es un gran entretenimiento que puede verse en familia, y que además, en capas más profundas, reflexiona sobre la vida en la Tierra, y llega en un momento complicado del mundo, ofreciendo una vez más, eso que “nadie se salva solo” y que “la unión sale a la fuerza”, como posible salida.

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